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Protección institucional al ciudadano frente al abuso de las agencias inmobiliarias

¿Esta usted de acuerdo, como inquilino, en pagar una mensualidad a una agencia inmobiliaria cuando el servicio se lo presta al casero?

Aprovechando la plataforma DecideMadrid de participación ciudadana, he aprovechado para expresar, a mi juicio, una situación abusiva que vivimos los ciudadanos frente a una posición preferente por parte de las agencias inmobiliarias en el alquiler de vivienda.

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Esta es la propuesta.

Pongo a continuación el escrito en todo caso:

  • Introducción

Soy un ciudadano que lleva unos años viviendo de alquiler como tantas personas en Madrid (y en el resto de España). Creo que existe un abuso por parte de las agencias inmobiliarias que perjudica al ciudadano de manera generalizada y que este, individualmente, no puede hacer nada más que someterse. Por ello, veo la necesidad de una intervención institucional que suavice y equilibre la injusta situación actual que explicaré a continuación.

 

  • Consideraciones previas

Todas las personas y empresas tienen en el derecho legítimo de procurar emprender y mejorar sus proyectos personales y profesionales. Para ello, debe existir un escenario laboral en el que la regulación permita suficiente libertad para emprender actividades laborales y, simultáneamente, exista una protección institucional que impida que tal libertad degenere o produzca abusos en los derechos de las personas. Es difícil de alcanzar un equilibrio pero, al menos, todos estamos de acuerdo en este objetivo. Una prueba de ello es la Ley 4/2013, de 4 de junio, de medidas de flexibilización y fomento del mercado del alquiler de viviendas. Mi propuesta no tiene tanto que ver con el equilibrio entre arrendador y arrendatario sino con la posición preferente de mercado de las agencias inmobiliarias frente al ciudadano en el mercado del alquiler de la vivienda.

 

  • Objeto del abuso

En la actualidad, la inmensa mayoría de las viviendas de alquiler se publicitan a través de grandes portales como “idealista” o “fotocasa”. Cualquier ciudadano que realice una búsqueda de una vivienda, encontrará que, aproximadamente, un 90 % de la oferta es a través de agencias inmobiliarias. ¿Cuál es el problema? Las condiciones para formalizar un contrato implican, en la inmensa mayoría de las veces, pagar una mensualidad a la agencia. Cuando he preguntado a varias de ellas por qué hay que pagarlas, las respuestas han sido del estilo de (cito literalmente): “por el servicio prestado”,  “gastos de comisión”, “honorarios de agencia”, “de algo tenemos que vivir”, “así es como está establecido en Madrid…”, etc.

En realidad, ¿a quién realizan las agencias inmobiliarias el supuesto servicio? En mi opinión, al arrendador ya que este delega en la agencia algunas tareas tales como: enseñar el piso, valorar el perfil del potencial inquilino, confeccionar el contrato, etc. En cambio, ¿qué servicio presta la agencia al ciudadano que aspira a vivir de alquiler? Ninguno. O, mejor dicho, ninguno adicional al que de manera natural (y gratuita, obviamente) le serviría el casero. Es decir, al inquilino, por ejemplo,  le da igual que le enseñe el piso el casero o la agencia; le da igual que el contrato se lo pase el casero o la agencia, etc.

En definitiva, el inquilino, además de pagar las mensualidades y fianzas correspondientes que ya suponen un desembolso muy alto, se encuentra en la surrealista situación de tener que pagar una mensualidad más —importes nada desdeñables como 700€, 800€…— a la agencia por un servicio que esta le presta, eminentemente, al casero. Si este mismo inquilino hubiera tratado directamente con el arrendador, se ahorraría este mal trago injustificado.

Si lo anterior lo hiciera una agencia inmobiliaria particular, a buen seguro, cerraría ya que nadie, en su sano juicio tendría a bien regalar su dinero. Quizás no cerrara si cobrara el servicio al casero, lo cual tiene mucho más sentido ya que es a él, como se ha explicado más arriba, a quien se le presta un verdadero servicio.

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¿Por qué se produce una situación de abuso? Sorprendentemente, esta práctica (cobrar al inquilino una mensualidad) se ha extendido hasta tal punto que las agencias inmobiliarias han cooptado casi la totalidad de oferta en el mercado. No hay más que hacer una simple búsqueda para advertirlo. Con lo cual, ante la (casi) inexistencia oferta de particulares agravada por la necesidad de una vivienda, el ciudadano acaba por someterse a esta abusiva obligación fáctica si quiere aspirar a una vivienda de alquiler.

 

  • Necesidad de ayuda institucional para equilibrar una situación injusta para el ciudadano

Los ciudadanos que buscan alquiler están en esta situación poco tiempo lo cual dificulta enormemente una coordinación, entre ellos, que pudiera encarar la anterior situación. Esto no va a cambiar pues es inherente a la temporalidad de la tarea de buscar casa. Por ello, es imprescindible que los poderes públicos acudan en ayuda de sus ciudadanos no para beneficiarles sino para equilibrar una situación que, a todas luces, es abusiva.

Si un buen gobierno tiene entre sus objetivos el interés social, esta sería una oportunidad sencilla de llevar a término, ética y razonable. Asimismo, ayudaría a dinamizar mucho más el mercado inmobiliario.

 

  • Propuesta

Intervención del Ayuntamiento en equilibrar esta situación abusiva para el ciudadano (por ejemplo, impidiendo que se cobre al inquilino o fomentando que se cobre al casero… Me consta que en otras partes de España [Galicia…] así es)

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Propiedad intelectual del libro “ÉTICA DIGITAL”

 

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Prólogo del libro “ÉTICA DIGITAL”

Desde antaño, el hombre ha buscado la mejor manera de organizarse. Así han ido conformándose las distintas sociedades a lo largo de los siglos. Sería imposible, ni siquiera someramente, enunciar todas las revoluciones que han impreso profundos cambios sociales. Podemos destacar, como un primer hito en el acceso a la información, la imprenta de Gutenberg. La tecnología de la época facilitó enormemente las lecturas de textos y manuales de todo orden que antes aguardaban celosamente en las manos de algunos privilegiados ilustrados. En las últimas décadas estamos viviendo una segunda revolución en el acceso, la revolución tecnológica. Esta arrancó a mediados del siglo XX con la aparición de los primeros ordenadores. Aunque, en realidad, internet fue el auténtico catalizador para la interconexión de ordenadores y del rápido desarrollo de la tecnología.

Nos manejamos con una soltura otrora impensable con términos como internet, sociedad de la información, acceso electrónico… En esta nueva sociedad, la celulosa deja paso a los ceros y los unos; si bien más impersonales, indudablemente más rápidos y eficientes. El ciudadano de los últimos años, con mayor o menor reticencia, ha ido adaptándose a la tecnología. Es más, superado los primeros miedos, disfruta leyendo el periódico online, asistiendo a la universidad a distancia, tramitando la declaración de la renta desde el sofá… Este ciudadano se está digitalizando inconscientemente. Sabedor de estas y de otras bondades, no se conforma con ellas sino que se vuelve cada vez más exigente. Así pues, nos encontramos en una sociedad electrónica donde la información y el conocimiento fluyen con mayor profusión. Este ciudadano también exige mejores servicios por parte de la Administración. Esta, consciente de la necesidad de modernizarse, ha ido imbricando las TIC en sus procedimientos, aderezándolos con sistemas de calidad que ayudan a ofrecer mejores servicios al ciudadano. De esta manera nace la Administración Electrónica.

En este punto, debemos preguntarnos: ¿vale cualquier Administración? ¿La tecnología siempre trae progresos sociales? Sospechamos que no. La vida nos arrastra de manera frenética asumiendo las nuevas tecnologías como algo bueno. ¿Debemos ser tan inocentes como para que aceptarlas sin más? Este libro es una invitación a reflexionar sobre cómo debe ser la sociedad y la administración al servicio del ciudadano. La filosofía y, en concreto la ética, juega un papel muy destacado ya que puede ser una gran aliada para poder orientar los esfuerzos hacia lo que realmente importa. En los siguientes capítulos se tratarán estos apasionantes asuntos desde distintos puntos de vista: ético, tecnológico y administrativo. Los primeros capítulos contextualizarán el impacto que ha tenido internet en la sociedad actual para contrastarlo, a continuación, con las sociedades clásicas. Se invitará a pensar sobre qué es un Estado y cómo debería ser. De manera natural surge la reflexión sobre los derechos humanos y, en particular, sobre los derechos en internet. Si estos son derechos de bienestar, ¿tienen también cualidad de derechos humanos? Estos derechos hay que administrarlos. Por ello, nace de manera natural un estudio de la Administración como aparato al servicio de los poderes públicos para ofrecer los mejores servicios al ciudadano. En esta sociedad tecnológica, debemos preguntarnos: ¿cómo es nuestra Administración Electrónica? Hablaremos de una de las normas que revolucionaron las relaciones de los ciudadanos con las Administraciones: la Ley 11/2007. Hace ya unos años desde que entró en vigor dicha regulación y muchas cosas han cambiado. ¿Hacia dónde se dirige la Administración? Para ello, en el momento de escribir estas líneas hay dos proyectos de ley[1] que están sustentando la nueva forma de actuar del ciudadano digital de los próximos años. Hay una serie de novedades que bien merecen ser destacadas y para ello hay un capítulo dedicado. Finalmente, como reza el subtítulo del libro, aspiramos a una Administración ética y eficiente. El último capítulo será el broche dedicado a proponer cómo conjugar dichos valores a través del Software libre. Espero, amigo lector, que disfrutes reflexionando desde una perspectiva actual y rigurosa.

[1] Proyecto de Ley de Régimen Jurídico del Sector Público; y Proyecto de Ley del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas.

Publicado el libro “Ética Digital” en versión digital en Amazon

Vivimos en una sociedad tecnológica que evoluciona frenéticamente sin apenas darnos un respiro para poder reflexionar acerca de lo que está bien o mal. ¿Debemos asumir lo que la tecnología nos ofrece sin más? No seas un “ingenuo tecnológico” y descubre en este libro lo que otros no cuentan.

El ciudadano digital exige nuevos derechos y una Administración más moderna. ¿Qué tipo de Estado y de democracia queremos? ¿Cómo debería ser la Administración electrónica del futuro?

Este libro es una invitación a reflexionar aunando tres perspectivas: ética, tecnológica y administrativa acerca de “cómo es” y de “cómo debe ser” la sociedad y la Administración al servicio del ciudadano.

Te espero también en: http://www.EticayAdministracion.com

Concept of secure data by touch screen, (future technology)