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Causas de la producción social

¿Por qué la gente produce información social? ¿Qué ha sucedido para que haya surgido esta explosión informativa a través de los medios digitales? ¿Cómo puede ordenarse sin una jerarquía o normas que lo guíen?

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Distingo dos categorías de causas: meritocráticas y económicas.

1. Causas meritocráticas.

Muchas veces, se critican los modelos de producción social aduciendo que no existe un liderazgo claro (parece que que no hay normas ni jerarquía formal). Esto podría ser superficialmente cierto pero no soporta un análisis más riguroso. Cualquiera que haya participado en proyectos de software libre, por ejemplo, habrá percibido que sí existe un liderazgo y unas normas fruto del respeto profesional. De manera natural, surgen líderes que, debido a su experiencia, formación y dedicación, ocupan el liderazgo. Asimismo, emergen normas de coordinación y cooperación que son socialmente consensuadas y no formalmente impuestas. En este sentido, Benkler indica que existe “el reconocimiento mutuo por parte de la mayoría de participantes”. Veamos a continuación las causas económicas:

2. Causas Económicas

Distinguo tres subcausas: a) El insumo tiene coste marginal cero. Efectivamente, la información se considera un bien no rival, infinitamente consumible. La información es gratuita, no cuesta producirla en comparación con producir un coche, por ejemplo; y b) plataformas de creación y difusión de información a bajo coste. Ciertamente, podemos distinguir tres estadios en la creación y difusión de la información en función de su coste: 1) pre-Guttenberg. Previo a la imprenta y a la revolución industrial. El coste era máximo: pensemos en producir diez mil copias de la Biblia mediante el esfuerzo de escribanos y copistas; 2) Post revolución industrial. La industria de producción en cadena supuso un punto de inflexión abaratando los costes enormemente. Esta situación, que se mantuvo durante siglos, provocó un mayor acceso a la cultura y, consiguientemente, tambaleó las estructuras de poder de algunos estamentos (que protegían su poder basándose en el control de la apropiación de la cultura). En todo caso, este segundo estadio fue anecdótico en comparación con la incorporación de las tecnologías de la información; 3) Sociedad digital. La segunda mitad del siglo XX supuso el arranque de una nueva disciplina del saber: la informática. De origen matemático-físico, es indudable que ha conseguido su propio status en el corpus gnoseológico del mundo académico. Las tecnologías de la información y las comunicaciones han ido evolucionando hasta alcanzar una madurez suficiente para marcar una nueva era: la sociedad en red. Sostengo que ya es en el siglo XXI cuando podemos clamar que el mundo es globalizado. Si en los años 90’s, se podía acceder a internet con un módem de 14.400 bits/s hoy en día, podemos ver varias ofertas en el mercado para acceder con fibra con una banda de bajada de 200Mb/s, es decir catorcemil veces más rápido (circunscribiéndonos siempre a un ámbito doméstico).

 

Referencias:

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¿Internet mejora la democracia?

Existe una corriente de pensamiento que sostiene que Internet y su capacidad para dar voz a quien antes no podía ayudará a establecer una sociedad más democrática. ¿Es cierto? Pretendemos no quedarnos en una mera repetición de ideas superficiales sino explorar “un poco más allá” para conformarnos una opinión mejor formada.

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A continuación vamos a ver algunas características a favor y en contra:

Internet NO mejora la democracia

  • Objeción de Babel: Este argumento trata sobre la sobrecarga informativa que existe en Internet: si todos pueden hablar, nadie escucha. Benkler sostiene como fundamental contraargumento el llamado Orden digital. Según dicho orden, no existe sobrecarga de información ni fragmentación de información. Lo defiende por la existencia de proyectos ordenados como: Open Directory Project, MoveOn.Org. En mi opinión, sí que existe tal caos. La propia estructura reticular tiende al caos más que una arbórea en la que existe un nodo padre e hijos, nietos y así conformando un único camino entre dos nodos cualesquiera. La existencia de proyectos ordenados no es suficiente para extender a la totalidad de la red de redes la misma armonía. Antes al contrario, existe mucha basura informativa que opaca lo real.
  • Asimetría de atención. Existen sitios que acaparan el mayor porcentaje de atención quedando el resto casi desapercibidos mermándose la ventaja del “mayor desarrollo personal”. Por ejemplo, a pesar de que existen multitud de blogs, páginas de Facebook, webs de difusión personales… Es una realidad que los medios tradicionales también procuran copar las redes atrapando en su telaraña sus seguidores en el formato papel. En resumen, es indiscutible que grandes medios de comunicación como “Elmundo.es” o “elpais.com” concentran un gran número de visitas. En contra de esta tesis, Yochai Benkler sostiene que es una Falacia comparativa: no se puede comparar la realidad con una Internet utópica sino frente a la situación anterior en las que los medios tradicionales cooptaban el sistema de producción informativa en donde: a) se recogía un sector interesado de la sociedad; b) se manipulaba la información y, como consecuencia c) se podía orientar el foco hacia lo superficial. En mi opinión, ciertamente con internet mejora la democratización de la información al empoderar al ciudadano con mayor acceso a las noticias y a las tecnologías. Sin embargo, no hay que ser ingenuo tecnológico y dar por hecho una hiperdemocratización al adoptar el fenómeno de Internet.
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Internet SÍ mejora la democracia

  • Acreditación no mercantil (p.18). Muchos movimientos en la Red se agrupan por intereses, temáticas comunes… conformándose sitios de mayor envergadura al referenciarse unos a otros. Cuando una persona produce un tipo de información, existe una suerte de “revisión por pares” formada por expertos o simplemente personas afines que van promocionando o no dicha información. Si uno llega a ser muy visible ha sido gracias a una criba previa y a haber sido apoyado por comunidades de intereses afines. De esta manera la visibilidad implica una mención y acreditación previa muy diferente de la que ocurría con los medios tradicionales en los que la visibilidad era reflejo, en buena medida, de una contraprestación económica.
  • Cultura más participativa, crítica y autorreflexiva. (p. 21). El mayor acceso a la información y a la cultura en general produce ciudadanos más críticos. También, apoyándose en las TIC, los individuos no sólo son mejores consumidores sino también productores de información. Este cóctel de mayor participación desemboca en que, en la misma línea de la “acreditación no mercantil”, emerge una mayor reflexión y crítica sobre la cultura. Por ejemplo, atendiendo a los medios tradicionales, cuando se lanzaba el estreno de una nueva película, existía una poderosa batería de medios privados que bombardeaban en los medios transmitiendo una única idea, la suya. Hoy en día, se mantiene en buena medida pero una persona puede también entrar en foros, blogs especializados, donde distintos expertos o comunidades de intereses afines aportan su visión. Incluso puedes observar opiniones de ciudadanos que ya han visto la película y valoran distintos aspectos. Está claro que la publicidad de los medios tradicionales se diluye a favor de una mayor participación ciudadana

 

Referencias:

 

¿Qué es la información?

La palabra “Información” nos rodea en cualquier ámbito. Estamos oyendo permanentemente frases como: “Vivimos en una Sociedad de la Información…”; “la información es poder”; “Hay que proteger la propiedad intelectual”; “hay que poner a disposición pública la información”… Veamos algunas características.

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La información es:

  • Un bien “no rival”, el consumo por una persona no resta su disposición a ser consumida por otro (no así con una manzana). Es decir, millones de personas pueden estar consumiendo información en una noticia en un periódico online y no se acaba nunca.
  • Un bien “público” en tanto que el mercado privado no lo produciría atendiendo a su coste marginal, que es cero. Por tanto, el Estado artificialmente regula unos procedimientos para que el autor de una obra, por ejemplo, pueda tener un rédito económico mediante los derechos de propiedad intelectual. ¿Por qué? Se penaliza esta ineficiencia estática (en un momento dado) al producir bienes ineficientes por un bien mejor: dicho autor volverá a escribir otra obra más adelante. En general se fomenta la creatividad y la innovación. Esta infrautilización de la información fue defendida por Kenneth Arrow en 1962.
  • Insumo y producto. Toda producción informativa necesita, a su vez, de fuentes de los que alimentarse. Por ejemplo, la elaboración de una tesis se nutre de una bibliografía previa que hacen de insumo. No sólo eso, la producción humana tiene tres insumos:
    • La información y cultura preexistente, como se acaba de indicar
    • Los mecanismos de comunicación de la información. De la industrialización a la era de las redes, el coste ha caído dramáticamente.
    • El capital humano: La inteligencia y experiencia humana que es capaz de ofrecer la imaginación y el esfuerzo para producirla.

Según lo anterior, queda más que justificado que el capital humano es el recurso más valioso y por lo que está cobrando, cada vez, mayor protagonismo. La información tiene coste cero y, con Internet, los costes asociados a la propagación de la información decrecen paulatinamente. Además, se produce un fenómeno catalizador no sólo en términos monetarios sino técnicos. A pesar de que Internet es cada vez más complejo, se están desarrollando sitios web muy sencillos de implementar. Los blogs son un claro ejemplo (ver ¿Por qué un Blog? La tecnología es más compleja pero más sencilla).

 

Motivación y participación social

¿Qué es lo que motiva a la gente a participar en los movimientos sociales a través de medios electrónicos (Facebook, Twitter, periódicos on-line…)?

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La motivación, según Benkler (2006), tiene que ver con una visión utilitarista. Acercándonos o alejándonos de aquello que nos resulte positivo o negativo (p. 101). Según Edward Deci, el hombre se basa en tres motivaciones[1]: intrínsecas, extrínsecas y afectivas. Benkler únicamente destaca las dos primeras. Las motivaciones extrínsecas tendrían que ver con recompensas monetarias (o amenazas) por realizar (o no) una tarea. Por el contrario, las motivaciones intrínsecas nacerían del interior del individuo de acuerdo a su escala de valores y su propia reflexión libre sobre lo que hay que hacer. Deci subraya que, partiendo de que todos tenemos una cierta idea de qué debemos hacer, guiarnos por las motivaciones extrínsecas interfiere en nuestra autoestima dado que nos desvía, a sabiendas, del recto camino. En mi opinión, esta premisa no está legítimamente validada. No tenemos claro qué tenemos que hacer, de hecho, por ello debemos deliberar sobre los medios para conseguir los fines, como diría Aristóteles en el libro III de la Ética Nicomáquea. El estagirita da por hecho la existencia de una responsabilidad moral que tiene que ver con la toma de decisiones voluntarias: la elección es un acto voluntario deliberativo. ¿Qué es la deliberación? Sería una suerte de investigación en un ámbito impreciso (sobre lo preciso no se delibera) sobre los medios (sobre los fines no se delibera) que están en nuestro poder para conseguir algo alcanzable. No toda investigación es deliberación (ejemplo, las matemáticas). Por tanto, asumir la premisa que sostiene Deci acerca de que todo individuo tiene una noción de lo que “debería hacer” es, al menos, susceptible de ser aceptada con algunas reservas. Volviendo a las tesis de Deci, las teorías de capital social[2] desarrollada en las últimas décadas está poniendo en tela de juicio la clásica posición de “a más dinero, más actividad”

[1] Vera Lacárcel, José Antonio. Artículo: “Edward. L. Deci: Un pionero en el estudio de la motivación humana” USL < http://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3678733.pdf >

[2] Destacando los sociólogos mark Granovetter, James Coleman y Nan Lin, entre otros

 

Referencias:

¿Por qué un Blog? La tecnología es más compleja pero más sencilla

Hasta hace pocos años[1], si alguien quería tener presencia en Internet tenía que tener dos cosas: dinero y, sobre todo, conocimientos técnicos avanzados. Un blog es un tipo particular de sitio web basado en publicar experiencias personales con una cierta periodicidad. El origen de la palabra se remonta a los términos “web log” (diario web). Con el paso de los años se han desarrollado distintos tipos de blogs en función de la temática a la que se refieren o si tienen naturaleza personal o corporativa (aunque esta segunda, por lo que hemos comentado, ha emergido artificialmente a la luz del éxito de los blogs personales).

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¿Qué es lo que ha cambiado significativamente en los últimos años? La facilidad para poder implementar un blog sin tener que poseer conocimientos avanzados en informática. La arquitectura que soporta una página web en general está basada en el modelo cliente-servidor. Los servidores son máquinas que alojan las páginas web que desarrolla el técnico. Esto no es trivial: hay que saber de muchos protocolos y tecnologías asociadas. Por ejemplo, HTML para las páginas web, CSS para la estética de la misma, FTP para la transmisión de las páginas de las máquinas del desarrollador al servidor, etc. En la actualidad existen varios servidores muy populares que permiten desarrollar blogs de manera más accesible al usuario no experto. Obviamente, hay que tener uno mínimos conocimientos pero, descaradamente menores que en la etapa que acabamos de describir. Es decir, no hace falta saber nada de HTML, CSS y FTP por nombrar algunos de las tecnologías implicadas. Dos de los servidores más comúnmente extendidos son blogger y wordpress.

 

Se puede arrancar un blog con cualquiera de ellos en diez minutos y a coste cero. ¿En qué se diferencia un blog de otro? En dos factores: profesionalización y calidad (de contenido). Debido a la facilidad con la que se puede crear un blog en la actualidad, cobra valor no el mero hecho de existir digitalmente sino de que la estructura, aspecto, usabilidad, accesibilidad y movilidad sean profesionales. Esto responde a otra pregunta: si es gratis, ¿dónde reside el modelo de negocio? En expertos que puedan dar soporte en darle un aspecto más serio, más trabajado, mejor estructurado, que sea más intuitivo al ciudadano, accesible a personas con alguna discapacidad, y, a la luz de la masiva invasión de los dispositivos móviles (teléfonos, tabletas…) desde a los que se acceden a Internet, que se adapten proporcionadamente a las distintas pantallas y modelos móviles. Esto son algunos de los factores relacionados con la profesionalización. El segundo elemento era la calidad de la información. Efectivamente, lo anterior podríamos llamarlo un envoltorio digital bonito pero, si al abrirlo, nos encontramos un contenido pobre, sólo habremos generado frustración en la persona que visita el blog. La información tiene que ser categorizada y pertinente de acuerdo con la temática general del blog. Puede ser que sea un cajón desastre donde el autor comparta cualquier sensación o información que desee (es el caso de los cantantes o personas de la farándula, por ejemplo). Por tanto, dado que mucha gente puede publicar un blog, el valor añadido vendrá dado por la profesionalización y la calidad de lo escrito. Es decir, se revaloriza el capital humano (imaginación, experiencia, esfuerzo…).

[1] Aunque no hay una fecha exacta, tomaremos como referencia el año 2005 como hito en el que tanto la madurez tecnológica como el número de blogs empezó a ser significativa. Aunque en los 90’s comenzaron los primeros, tuvo que pasar una década hasta su consolidación en las redes.

 

BENKLER, Yochai, (2006), The Wealth of Nations: How Social Production Transforms Markets and Freedom”. Yale University Press.

Internet cambia el cerebro: no seas ingenuo

Ingenuo tecnológico

En el libro “Ética Digital” (2015) denomino al ingenuo tecnológico como “aquél que se siente embaucado con la tesis de que la tecnología no sólo es algo neutro sino que su aplicación provocará un progreso implícito que beneficiará a la sociedad que la acoja. Hay autores que defienden lo contrario, como Langdon Winner, en su artículo “Hacen política los artefactos” que sostiene que la tecnología, de suyo, tiene un componente político que no debemos despreciar”. Nicholas Carr en el prólogo destaca la figura revolucionaria de Marshall McLuhan que en 1964 publicó “Comprender los medios de comunicación: las extensiones del ser humano”. Este autor, en la línea de Winner defiende que la tecnología no es algo neutro y que, aunque creamos que controlemos, en realidad, somos víctimas de su influencia soterrada. McLuhan sostiene que el medio influye en la construcción social aparte del contenido que en él se maneje. Así sostiene: “Nuestra respuesta convencional a todos los medios, en especial la idea de que lo que cuenta es cómo se los usa, es la postura adormecida del idiota tecnológico”. Nicholas Carr contextualiza esta aseveración en respuesta al magnate de los medios tradicionales de masas Sarnoff el cual defendía que la tecnología es neutra.

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Internet modifica la cognición

McLuhan sostiene que el medio, efectivamente, modifica el pensamiento. No está solo en esta idea. Carr apoya esta tesis con varios ejemplos: a) percibimos diferente. Los nativos digitales leen, de manera natural, las webs de manera reticular y no lineal. La consultora nGenera publicó un estudio en 2008 donde se concluía que esta población inmersa digitalmente saltaban los párrafos de una página web buscando información pertinente; b) relevancia cognitiva web. Con el paso de los años y el uso masivo de las nuevas tecnologías, estamos acostumbrándonos a poder encontrar información relevante en segundos cuando antes podías invertir horas, incluso días buceando entre libros. El filósofo Joe O’Shea dice en este sentido que no tiene sentido leer un libro de cabo a rabo cuando puedes obtener la información relevante en minutos por internet; c) lo lineal da paso a lo reticular. Karp afirma que el viejo proceso lineal de pensamiento está dando paso a una nueva clase de mente que necesita información troceada, rápida y descoordinada. Twitter es un ejemplo paradigmático. Obtienes pequeños mensajes —tuits de 160 caracteres— de múltiples fuentes de información (tantas como twiteros sigas); y d) excitación cognitiva. El (ab)uso de internet en todo momento, sobre todo debido a los smartphones —y tabletas, en menor medida— , ha modificado la necesidad de información. Antes, sabías que podrías buscar algo cuando llegaras a casa y no antes. Ahora, en cualquier momento tienes a tu disposición la oportunidad de saciar tu curiosidad lo cual te realimenta positivamente a que sigas preguntándote más cuestiones relacionadas. Carr contrasta esta situación con el sosiego de las antiguas bibliotecas. Menciona en el capítulo 1 “HAL y yo” de Superficiales que estuvo trabajando, en su época universitaria, retirando y colocando libros de la biblioteca. Recuerda una sensación de calma cognitiva que se derivaba de la propia situación del medio en que se encontraba la información disponible:

[…] A pesar de estar rodeado de decenas de libros, no recuerdo sentir la ansiedad sintomática de lo que hoy llamamos “exceso de información”. Había algo tranquilizador en la reticencia de de todos esos libros, su disposición a esperar años, incluso décadas, hasta que llegara el lector adecuado y lo retirara de sus espacios asignados. Tómate tu tiempo, me susurraban los libros con sus voces polvorientas. No nos vamos a ir a ninguna parte. […]

 

Es conocido el estado de salud de Friedrich Nietzsche que le atormentó durante buena parte de su vida. Con sólo 34 años comenzó un periplo por Europa en busca de alivios para sus numerosas dolencias. Una de las consecuencias le afectó en su escritura ya que le fallaba la vista y por ello tuvo que idear una solución: encargar una máquina de escribir tipo “Writing Ball Malling-Hansen”. Tuvo que aprender a tocar el teclado y su estilo se volvió más estricto, más telegráfica, en palabras de Carr. El mismo Nietzsche se dio cuenta que el instrumento estaba condicionando sus pensamientos y su manera de entender el mundo. Así escribió “Nuestros útiles de escritura participan en la formación de nuestros pensamientos”.

Bibliografía y webgrafía

  • DEL CASTILLO, Javier (2015). ÉTICA DIGITAL: Hacia una Administración ética y eficiente. Ed. CreateSpace Independent Publishing Platform. Recuperado de: http://www.eticayadministracion.com/
  • PINES, Maya (1989). Los manipuladores del cerebro. Ed. Alianza.
  • MCLUHAN, Marshall (2009). Comprender los medios de comunicación. Ed. Paidós Ibérica.
  • CARR, Nicholas (2011). Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Ed. Taurus.

Cómo comprar en Amazon desde Ecuador, Chile, Perú, Argentina… y desde cualquier país de Latinoamérica

El libro “ÉTICA DIGITAL” está disponible en más de 20 sitios web de Amazon diferentes. Entre ellos: Amazon GlobalAmazon EspañaAmazon México

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Hay que visitar la “sede central” Amazon.com y, en ella, abrir una cuenta (de manera muy sencilla) donde poner tus datos personales, de envío, el pago… Lo normal. Se tarda cinco minutos y sólo se hace una vez. El resto de compras tardarás 10 segundos en efectuarlas!

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Espero que sea de ayuda!

5 Claves para entender qué es el Software libre y de fuentes abiertas

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Clave 1 – Origen y evolución del Software Libre

De  la mano de los primeros desarrollos de la primigenia red de redes por el Darpa (Departamento de Defensa de EEUU), surgió en el ámbito académico un nuevo sistema operativo que revolucionaría aquel efervescente mundo tecnológico de los años setenta. Así Ken Thompson y Dennis Ritchie dieron a conocer UNIX en los laboratorios Bell. La idea, en palabras de Sebastián Sánchez, era presentar un entorno de trabajo agradable para el desarrollo de aplicaciones (Sánchez, 2002, prólogo). Tenía dos capacidades innovadoras: multiprogramación y tiempo compartido; que se traducía en que varias personas podía trabajar al mismo tiempo. Es difícil de exagerar lo que supuso este nuevo sistema abierto cuya acogida en los centros universitarios fue merecidamente calurosa.

 

Años más tarde, el finés Linux Torvalds presentó LINUX. Una distribución libre basada en UNIX. El núcleo no está desarrollado por ninguna fuente privativa. La mayoría del software disponible ha sido desarrollado por el proyecto GNU de la FSF[1] (Free Software Foundation) de Cambridge. Sin embargo, dice Sánchez, es toda la comunidad de programadores la que ha contribuido al desarrollo de aplicaciones para este sistema operativo (Sánchez, 2002, p.5)

 

Tanto en el mundo académico cuanto en el tecnológico el movimiento open source[2] fue ganando terreno. Eric S. Raymond influyó decisivamente con su obra “la catedral y el bazar” en la defensa de las ventajas de las fuentes abiertas. Una de los argumentos más conocidos se podría resumir en que cuatro ojos ven más que dos. Raymond aducía que en sistemas abiertos, muchas personas están observando y es más probable que se detecten los errores. En cambio, en sistemas tradicionales privativos, es una realidad que los errores afloran frecuentemente demasiado tarde (muchas veces en las computadoras privadas del usuario final).

[1] La FSF aportaría la nueva licencia GLP (General Public License) la cual podríamos llamar el primer copyleft. Con ella, los programadores ponían a disposición pública el código de los desarrollos bajo dicha licencia.

[2] Fue notable la publicación del código del navegador Netscape quien ganó una considerable cuota de mercado frente al imperante Internet Explorer.

 

Clave 2 – ¿Qué es lo que caracteriza al Software Libre?

Lo primero que tenemos que aclarar es que, en España, según el CENATIC[1] (Centro Nacional de Referencia de Aplicación de las TIC basadas en fuentes abiertas):

 

[…] los conceptos Software Libre y Software de Fuentes Abiertas hacen referencia a una misma realidad desde un punto de vista técnico, ya que la propia Ley 11/2007, de 22 de Junio, de Acceso Electrónico de los Ciudadanos a los Servicios Públicos, establece que una aplicación de fuentes abiertas es aquella que “se distribuye con una licencia que permite la libertad de ejecutarla, de conocer el código fuente, de modificarla o mejorarla y de distribuir copias a otros usuarios”

 

En todo caso, deben cumplirse cuatro propiedades esenciales: 1) Libertad de ejecución. Se puede usar el programa para cualquier propósito; 2) Libertad de acceso y adaptación. Se puede ver el código fuente y ver con todo el detalle cómo está desarrollado. Asimismo, se puede adaptarlo a tus necesidades modificando cuanto se desee; 3) Libertad para distribuir copias; 4) Libertad para mejorar el programa y distribuir copias.

 

De lo anterior se deduce que la gratuidad no es una de las características, error profusamente difundido[2].

 

En palabras de Roberto Feltrero[3] podemos distinguir cuatro ventajas derivadas de las cuatro libertades anteriores: 1) Ventaja cognitiva, al poder usar la aplicación; 2) ventaja técnica, al poder adaptar el software; 3) ventaja social, al entender el software como un elemento de beneficio social; y 4) ventaja ética, pues se pretende el acceso universal e igualitario a todas las personas al mundo software.

 

Todas estas ideas tenían que tener su plasmación legal en forma de licencia que pudiera servir de alternativa al “copyright. All rights reserved”. Así nació el “copyleft. All rights reversed”, siendo la licencia GPL (General Public License) pionera en este sentido. Con ella se protegían los derechos de aprendizaje social incentivando el desarrollo abierto y distribuido del software.

 

Una de las características más importantes del GLP es que exige que toda obra derivada también tenga que ser GPL, manteniendo esta condición para cualquier descendiente. No obstante, en el mundo real no todo es blanco o negro. Los propios desarrolladores de software libre se dieron cuenta que en ocasiones era provechoso reutilizar algún módulo privativo que pudiera encajar en el software libre. Para estos casos, surgió la licencia LGPL (Lesser GPL[4]).

 

¿Vulnera los derechos morales esta nueva desprotección de derechos? En absoluto, lo que ocurre exclusivamente es una apertura en los derechos patrimoniales (copia, alteración, distribución,…). Los derechos éticos asociados a la reivindicación y a la integridad que veíamos más arriba se mantienen asociados al autor inalienablemente.

 

¿Qué ocurre con la justificación económica en este caso? Ciertamente, no van a tener la recompensa directa que se buscaba en los derechos de autor inicialmente. No obstante, tiene otros beneficios. La popularidad y el prestigio son valores en alza en este entorno. Asimismo, existe también un beneficio indirecto económico. Normalmente viene dado sustancialmente por dos factores. El primero es el diferente tipo de producto en función del grado de calidad. Por ejemplo, Red Hat[5], empresa ampliamente conocida por su distribución de sistemas operativos, ofrece dos categorías de productos. Uno gratuito y otro de pago (aunque significativamente más barato que su competencia privativa). Este segundo se paga por la mayor funcionalidad y capacidad que ofrece. Normalmente, grandes organismos no podrían funcionar sobre las versiones free. El segundo factor es el mantenimiento. Existe una amalgama de diferentes tipos de mantenimientos y acuerdos de nivel de servicio. A mayor compromiso y garantía, mayor coste asociado.

[1] http://www.cenatic.es/sobre-el-software-libre

[2] Proveniente probablemente al equívoco neologismo “free software” el cual quería significar “libre” en este contexto pero se ha traducido a veces por “gratis” (quizás debido a que buena parte de los productos, en efecto, no tienen coste). El matiz estriba en que no es necesariamente gratuito.

[3] Las licencias del software libre: nuevos modelos y filosofías para la Propiedad Intelectual

[4] http://www.gnu.org/licenses/lgpl.html

[5] http://es.redhat.com/

 

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Clave 3 – La Propiedad Intelectual y el Software Libre

Según lo visto hasta ahora, podríamos categorizar dos dimensiones de la propiedad intelectual:

 

  • Dimensión ética. Esta versa sobre los derechos morales que tiene el autor en relación a su obra y a la explotación de la misma. Por otra parte, está el necesario equilibrio entre el beneficio individual y el beneficio colectivo (acceso igualitario y universal)

 

  • Dimensión pragmática. El beneficio económico incentiva a la innovación y a una realimentación para la creación de más obras, no sólo del autor sino de los editores y otros agentes involucrados.

 

¿Dónde encajaría el Software libre en este marco? En palabras de Feltrero (2004), en el  SL Libre se funden los argumentos éticos de tipo global con los argumentos morales de tipo individual[1].

 

Asociado al SL estaría su documentación. Esta, lógicamente, también tiene que estar alineada con el movimiento open. De esta manera surge la licencia FDL[2] que distingue la parte técnica (objetiva) de las opiniones (parte subjetiva). La diferencia reside en el tipo de protección. La primera parte puede ser modificada mientras que la segunda no, manteniendo inalterada la parte valorativa.

 

Otra cuestión a tener en cuenta es cómo poder categorizar las obras para poder saber qué licencia le es apropiada en función de su naturaleza. En este punto, Richard Stalman (2000) distingue tres tipos: 1) obras funcionales. Son obras objetivas del estilo FDL descritas anteriormente: recetas, diccionarios,…; 2) obras valorativas, en las que se exponen posiciones subjetivas: ensayos, artículos,… ; y 3) obras estéticas. Aquí estarían las creaciones artísticas no incluidas en las dos anteriores: novelas, música,…

 

Si bien la clasificación de Stallman inspira para ser conscientes de la importancia en poder conciliar la propiedad intelectual frente al beneficio social, no deja de tener algunos problemas sin resolver. En efecto, no todas las obras pueden ser categorizadas en estas tres ramas. Es más, la mayoría estarían a caballo entre varias de ellas. Por ejemplo, es muy difícil encontrar obras que sean totalmente objetivas o subjetivas. Por otra parte, ¿quién lo determinaría?

 

Esta última pregunta nos introduce a un nuevo enfoque centrado en el autor como garante de sus propios derechos. Con esta filosofía nace la licencia Creative Commons[3](CC). Existen seis licencias que son producto de la combinación de las siguientes condiciones[4]:

 

  • Reconocimiento. Explicitar la autoría de la obra.
  • No comercial. No se permite que la obra original, puedan obtenerse lucros
  • Sin obras derivadas. No se permite la transformación para crear obras a partir de la original
  • Compartir igual. Se permite la transformación para las obras derivadas. Eso sí, debe mantenerse la misma licencia.

 

Con esta filosofía de licencia abierta se da la oportunidad al autor para que decida qué derechos (y en qué grado) desea compartir. No se opone al copyright, sino que, sobre esta “sobreprotección” de derechos, indica cuáles quiere que sean de dominio público.

 

Con ello, hemos conseguido una fórmula intermedia que suaviza el control que obtienen las actuales leyes de copyrights subsumidas en un contexto en el que prima la dimensión económica (casi con exclusividad). Permite, asimismo, dotar al autor de mayor autoría y autonomía para poder decidir sobre su creación.

[1] En el documento Las licencias del software libre: nuevos modelos y filosofías para la Propiedad Intelectual”, en la página 5 Roberto Feltrero distingue tres tipos de argumentos: tipo moral, de tipo pragmático y de tipo ético. Yo he creído fusionar el ético y el moral por ser muy parecidos y simplificar la distinción frente a la dimensión pragmática, nítidamente opuesta.

[2] http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html

[3] Creative Commons es una organización sin ánimo de lucro que permite a autores y creadores compartir voluntariamente su trabajo, entregándoles licencias y herramientas libres que les permitan aprovechar al máximo toda la ciencia, conocimiento y cultura disponible en Internet. http://es.creativecommons.org

[4] http://es.creativecommons.org/blog/licencias/

 

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Clave 4 – Evolución del Software Libre

El movimiento open source que hemos expuesto someramente ha ido evolucionando alterando, según algunos críticos, su esencia. Por ejemplo, Cremades (2007) pone el ejemplo de Firefox, navegador alternativo al famoso Internet Explorer. Nació a partir de otro browser, Netscape, con la misma filosofía abierta. No obstante, la Fundación Mozilla gestiona el código y emplea directamente a un grupo de programadores. ¿Se está jerarquizando el modelo de negocio del sw libre? Los menos críticos hablan de la estructura de círculos concéntricos.

 

En los más externos estarían las personas que contribuyen de manera solidaria con sus aportaciones sin ánimo de lucro. Por otro, en los círculos más internos habitaría un grupo coptado de personal altamente cualificado que revisaría todas las sugerencias y, en última instancia, decidiría qué se implementa y se incorpora como mejora.

 

Los defensores de este método aducen que en un mundo tecnológico tan competitivo, la calidad es un factor determinante. Ésta se conseguiría mediante una mayor gestión de los cambios y de control (la cual es más difícil de forma distributiva). Un ejemplo de esto sería el caso de Red Hat mencionado arriba o tantos otros[1].  Finalmente, se argumenta que, sin lo anterior, se pondría en riesgo la supervivencia de la empresa. Esta aseveración no está exenta de polémica pues podemos encontrar en el mercado ejemplos exitosos de un lado y de otro.

[1] Apache como servidor web, JBOSS como servidor de aplicaciones, MySQL como Servidor de Bases de datos…

 

Clave 5 – El lado oscuro del Software Libre

Tras revisar al alza las bondades que conlleva la socialización de la información, no todo son ventajas en el movimiento open.

 

Uno de los problemas que se da en muchas comunidades abiertas es que la gente absorbe conocimiento (para su desarrollo personal libre o privativo) pero no aporta apenas o nada. Esto ocurría en mayor medida en los inicios cuando no existían licencias que protegieran legalmente los derechos de autor (aunque fueran copyleft). Aunque más mitigado, sigue ocurriendo a día de hoy.

 

Existe, no obstante, otro problema más importante que ataca la línea de flotación del SL. Sería un argumento ético en el sentido siguiente: se presentaría una filosofía de movimiento abierto cuando, tras ese velo presuntamente solidario, se descubriera una organización intrínsecamente sectaria desde un punto de vista epistemológico. ¿Por qué? Los que defienden esta posición de agravio aducen que muy pocas personas pueden, en realidad, acceder a la información debido a la alta cualificación técnica que ha de disponerse. La modificación de los programas quedaría también relegada a dicho personal técnico. Finalmente, todo el poder decisorio sería por supuesto también objeto del mismo personal. De las cuatro libertades del SL, quizás la distribución de copias pudiera ser la menos vulnerada en este argumento.

 

Una tercera crítica sería el riesgo inherente a la falta de mantenimiento de un producto o bien a una mejora continua de calidad. Si una comunidad de desarrollo decidiera no proseguir con el trabajo, quedarían vulnerables los usuarios que han confiado en el uso de dicho producto. Esto podría darse en grandes compañías y en organismos públicos. La mayoría de los ministerios en España tienen un porcentaje de su estado del arte basados en productos libres. Normalmente, este riesgo no suele ser tan alto ya que los sistemas adquiridos suelen ser muy reconocidos y con una profesionalidad que garantiza que, o bien no se va a producir este abandono, o bien, se anunciaría con suficiente antelación como para que el cliente pudiera migrar a otro producto equivalente (en el mundo libre o privativo).

 

Roberto Feltrero (2003) nos ilustra un ejemplo en este sentido al hablar de las bibliotecas y su suscripción a revistas digitales. Según este autor, las bibliotecas tienen dos funciones básicas: dar acceso a fondos y configurar un repositorio de conocimiento. Con las suscripciones electrónicas y la temporalidad en el tiempo que conllevan la renovación de los pagos podríamos tener un problema. En efecto, si no agotara una licencia y no ser renovara podrían verse minadas ambas funcionalidades[1].

[1] Feltrero puntualiza que estaría más dañada la segunda funcionalidad en relación a no poder tener cumplir con la labor de de la elaboración  de un fondo bibliográfico de ese material.

10 claves para entender qué es la Propiedad Intelectual

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Clave 1 – ¿Qué es la Propiedad Intelectual?

La propiedad intelectual (PI) sería toda creación del intelecto humano.

Normalmente se caracteriza por proteger los derechos de un autor en la explotación y obtención de beneficios de su obra. El concepto de propiedad intelectual tiene su raíz en la idea de reconocer la autoría de un creador y su derecho a cualquier beneficio que pueda producirse como resultado de su trabajo y explotación.

La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual asevera:

 

La propiedad intelectual (P.I.) tiene que ver con las creaciones de la mente: las invenciones, las obras literarias y artísticas, los símbolos, los nombres, las imágenes y los dibujos y modelos utilizados en el comercio.[1]

 

La PI está orientada a la información o los conocimientos que pueden transformarse en bienes tangibles y ser distribuidos a lo largo del mundo. En efecto, este derecho no está focalizado en dichos tangibles sino en la causa y origen de los mismos.

[1] Extraído de “qué es la propiedad intelectual”. URL: http://www.wipo.int/about-ip/es/

 

Clave 2 – ¿Cuál es el origen y evolución de la Propiedad Intelectual?

Aunque últimamente se está hablando mucho de ella, de su ámbito, de sus posibles excesos… es un asunto que tiene más de dos milenios de antigüedad pudiéndonos retrotraer a la antigua Grecia donde ya se hablaba de la misma. En efecto, una de las primeras referencias la podemos tener con Vitrubio[1] (s. II a.C) quien expuso cómo había falsos poetas que se habían apropiado con palabras y frases de otros sin citar sus fuentes.

También en el imperio romano podemos encontrar varios casos. Por ejemplo, se podía discutir acerca de la autoría de una pintura (que pertenecería al artista) que está plasmada sobre un material (que sería propiedad del artesano).

En los siguientes siglos, hay que destacar uno de los primeros estatutos que se redactaron en la Florencia del siglo XV donde se protegía los derechos de autor, sentando las bases de lo siguientes desarrollos de propiedad intelectual tanto en América como en Europa.

Las instituciones americanas de propiedad intelectual están basadas en el sistema inglés el cual arrancó con el Estatuto de los monopolios (1624) y en el Estatuto de la Reina Ana (1710). Éste último marcó un antes y un después ya que introducía, por primera vez, el derecho de copyright a su autor[2].

Tras el ejemplo inglés, varios países europeos siguieron su estela adoptando estas líneas de protección (Bugbee, 1967)[4].

En el siglo XIX, cabe reseñar dos convenios de especial significación: El Convenio de París para la Protección de la Propiedad Industrial (1883) y el Convenio de Berna para la Protección de Obras Literarias y Artísticas (1886).

[1] La traducción es mía sobre el artículo Intellectual Property, The Stanford Encyclopedia of Philosophy: […] de la Stanford In the first case, Vitruvius (257–180 B.C.E.) is said to have revealed intellectual property theft during a literary contest in Alexandria. While serving as judge in the contest, Vitruvius exposed the false poets who were then tried, convicted, and disgraced for stealing the words and phrases of others. […]

[2] Pudiendo autorizar la reproducción de la obra, elegir el editor…El plazo de protección era de 14 años, prorrogables otros 14, si el autor seguía viviendo.

[3] Fuente: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/e/ec/Statute_of_anne.jpg/290px-Statute_of_anne.jpg

[4] La traducción es mía sobre el contexto del artículo “propiedad intelectual” de la SEP (Stanford Encyclopedia of Philosophy)

 

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Clave 3- Naturaleza ética de la Propiedad Intelectual

En primer lugar, tendríamos el derecho a las leyes morales que se presuponen al creador de una obra respecto de la misma. De otro lado, también estaría del derecho de la sociedad a beneficiarse de dicha obra. La OMPI dice en este sentido […] y de los derechos del público a beneficiarse de las mismas [de la obra]. ¿De qué manera los derechos de propiedad intelectual protegen a la audiencia de poderse beneficiar de las creaciones? Si bien el argumento ético parece encomiable, no es fácil alcanzar ejemplos o razones que apoyen dicho objetivo, antes bien, el contrario.

Otro argumento en este sentido es el objetivo de promover la creatividad y los fines de difusión. El creador invierte tiempo y esfuerzo en la generación de su obra intelectual. Esta, para que pueda distinguirse y ser original, tiene que haber sido dotada de cierta dosis de creatividad. No es desdeñable este esfuerzo en la mayoría de los casos. Los bienes tangibles que pudieran derivarse de estas ideas redundarán en la sociedad en mayor o menor medida. Este resultado final no sería posible si el autor perdiera dichos derechos.

Hemos hablado de la naturaleza ética y económica que podría justificar la propiedad intelectual. Ahora bien, ¿qué derechos se pretenden que estén protegidos? Tanto la OMPI como la mayoría de legislaciones al respecto distinguen dos tipos: derechos éticos y derechos patrimoniales.

Nos fijaremos en los primeros, los derechos morales. Suelen ser de dos tipos: 1) derecho de paternidad (la obra puede ser reivindicada por su autor) y 2) derecho de integridad: la obra sólo puede ser alterada por su creador. Estos son independientes de los derechos patrimoniales. Asimismo, aunque el autor cediera parte de ellos, los morales nunca se conceden. En la ley de propiedad intelectual, el artículo 14 reza explícitamente: son derechos irrenunciables e inalienables.[1]

[1] El mismo artículo indica algunos de dichos derechos morales: 1.º Decidir si su obra ha de ser divulgada y en qué forma. 2.º Determinar si tal divulgación ha de hacerse con su nombre, bajo seudónimo o signo, o anónimamente. 3.º Exigir el reconocimiento de su condición de autor de la obra. 4.º Exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación. 5.º Modificar la obra respetando los derechos adquiridos por terceros y las exigencias de protección de bienes de interés cultural. 6.º Retirar la obra del comercio, por cambio de sus convicciones intelectuales o morales, previa indemnización de daños y perjuicios a los titulares de derechos de explotación.

 

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Clave 4 – Naturaleza económica de la Propiedad Intelectual

¿Existen intereses económicos que pueden justificar la propiedad intelectual? Como veíamos antes, el autor tiene un coste en tiempo y esfuerzo. Si no recibiera una recompensa económica por el mismo, puede que lo hiciera en todo caso (en su tiempo libre…) o puede que no pudiera (en el bien entendido de que las personas necesitan un sustento económico para su desarrollo básico). En este último caso, el creador no estaría motivado económicamente y buscaría otras ocupaciones más provechosas. Se rompería la cadena expuesta más arriba, penalizándose, en último caso, la sociedad (y, por cierto, también el propio creador en última instancia).

A caballo entre la motivación ética y económica, estaría la defensa de la competencia leal. Ciertamente, tras el esfuerzo en desarrollar una obra, si no existiera ninguna protección, otra persona (empresa,…) podría apropiarse de la misma y obtener todo el beneficio resultante de la distribución y explotación de los tangibles derivados.

 

Clave 5 – Tipos de Propiedad Intelectual

Podríamos distinguir dos categorías ontológicas de propiedad intelectual: la propiedad industrial y los derechos de autor.

La propiedad industrial centraría su protección mediante patentes, en la defensa de las marcas comerciales, diseños industriales (creaciones estéticas que determinan el aspecto de un producto industrial[1])…

Los derechos de autor protegerían las creaciones artísticas: obras literarias, música, pinturas, esculturas, películas, programas de computador…

La protección de los derechos tiene que ir encaminada a expresiones concretas. Por ejemplo, alguien que exprese de manera más específica la teoría de relatividad de Einstein, no estaría infringiendo derechos de autor (aunque quizás sí plagio)[2].

Sería interesante distinguir entre invención y obra (literaria, artística,…) para poder esclarecer y justificar su distinta protección.

Una invención sería toda idea solución a un problema técnico[3]. En este caso, lo que se protege es un intangible y, consecuentemente, su derecho a explotarlo (materializar la idea y obtener beneficios de la misma). Llegado el caso, apunta la OMPI, si un tercero llegara a la misma idea sin incluso tener constancia de la existencia de que ya existe, tendría que pedir autorización para poder explotarla. Esta estrategia sería análoga a la indicada por Van Parijs y Ansperger del tipo “el primero que llega se queda con ello”, referido al libertarismo en su obra Ética Económica y Social. En efecto, en el capítulo dedicado este movimiento, hablan de tres características asociadas: 1) la autopropiedad (cada persona es propiedad de sí misma); 2) la transferencia voluntaria: Un individuo no puede limitarse a la propiedad de uno mismo pues necesita de elementos externos para su desarrollo natural: aire que respirar, comida… Por ello, debe haber una transferencia voluntaria con la persona que era antes legítimamente propietaria (una casa…). Hacer notar que el precio justo es únicamente el acordado independientemente de si hay monopolios, monopsonios, burbujas económicas (inmobiliaria…); y 3) apropiación originaria. Este podría resumirse con “el primero que llega se queda con ello” o bien otras alternativas que suavizan la posición. Esta última característica está enfocada a un ámbito más material, por ejemplo, el descubrimiento de nuevas tierras. No obstante, creo legítimo extrapolarlo a lo intangible, por ejemplo, a las ideas protegidas por la propiedad intelectual. 

Por otro lado, tendríamos las obras literarias o artísticas. Aquí lo que se protege no es la idea sino la expresión de ella, su forma material: una palabra, un libro, un lienzo, unas líneas de código, una base de datos,… Desde este punto de vista, la creación se entendería como la elección de la disposición de los caracteres alfabéticos, de las notas musicales o de los trazos de pinturas.

La anterior diferencia ontológica explica la distinta protección legal. Así normalmente las patentes suelen tener un blindaje de unos veinte años frente a los setenta de los derechos de autor (en la mayoría de las legislaciones actuales europeas). Además, en el caso de las invenciones, suele ser imprescindible publicitarlas de modo que exista un registro oficial de las mismas. En el caso de las obras literarias o artísticas, no es necesario puesto que ya existen como expresiones de ideas siendo, asimismo, protegidas desde el mismo momento de su creación.

[1] Es de sobra conocida multitud de pugnas jurídicas que se tienen en la actualidad entre infinidad de empresas que denuncian “copias” estéticas de sus productos. Así tenemos el ejemplo entre Appley y Samsung a tenor de sus semejanzas estéticas entre algunos de sus terminales (Iphone – Samsung Galaxy).

[2] Ejemplo extraído de la SEP: Moore, Adam (2011), Intellectual Property

[3] Principios básicos del Derecho de Autor y los derechos conexos (OMPI, p. 5).

 

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Clave 6 – Justificaciones filosóficas a favor y en contra de la Propiedad Intelectual

Vamos a resumir tres posiciones de índole filosófica en cuanto a la naturaleza y causa de la propiedad intelectual.

La primera de ellas tiene que ver con la posición centrada en la persona. Uno de los defensores fue Hegel. No hay que minusvalorar el riesgo que asumen los autores al dar a conocer su obra. Ciertamente, su reputación está en juego, no sólo su sustento económico. De esta manera, se torna necesaria una protección que cubra dicho riesgo. Por otra parte, como ya se ha mencionado, la propia sociedad se beneficia del progreso que conllevan las creaciones e innovaciones derivadas de las ideas y obras de los autores.

Uno de los contraargumentos más extendidos es la defensa de la naturaleza social de la información. Esto es, la información no es propiedad de nadie y, el compartirla, redunda en una mejoría de la sociedad.

Al hilo de esta última idea, se desprende el segundo argumento de corte utilitarista. En efecto, el autor no invertiría su esfuerzo en crear obras si no tuviera una protección legal que lo amparase. No se trata de enriquecerse a espuertas y monopolizando el mercado sino poder obtener un proporcionado reconocimiento económico. Sin este, el autor declinaría esta senda de infructuoso desgaste orientando su energía a otros menesteres más rentables. En última instancia, la propia sociedad perdería estos beneficios.

Contra esta posición, se encuentran aquellos que defienden que la recompensa económica no es la única que debería perseguir el autor. De hecho, no es lo único que obtienen ya que, al disponer de ella públicamente, también ganan reconocimiento y prestigio. Muchas veces esto es de mayor valor que el puro beneficio monetario. Es más, en ciertos momentos o entornos (académico…) puede ser mucho más compensatorio y enriquecedor.

Finalmente, el tercer gran argumento que podemos encontrar en defensa de la propiedad intelectual, vienen de la mano de posiciones lockeanas sobre la propiedad. Según las mismas, el hombre es dueño tanto de sí mismos como de su trabajo. De esta manera, cuando una persona trabaja un objeto que no posee, se produciría una suerte de extensión del derecho que abarcaría a dicho objeto como suyo.

Esta posición no está exenta de refutaciones. Por ejemplo, Jeremy Waldron (1983) aduce una inconsistencia ontológica ya que no se puede mezclar acciones con objetos[1]. El mismo autor junto con Perry (1978) indican que la mezcla entre una acción con un objeto daría más derechos limitados y no una extensión global de derecho[2].

[1] La traducción es mía de a SEP: […] actions cannot be mixed with objects […]

[2] La traducción es mía de a SEP: […] mixing one’s labor with a unowned objetct shouled yield more limited rights than rights of full ownership […]

 

Clave 7 – Tipos de licencias

La SEP distingue cinco derechos de copyrights claramente diferenciados: el derecho a reproducir el trabajo, el derecho a adaptarlo, el derecho a distribuir copias, el derecho a mostrarlo públicamente, y el derecho a realizarlo públicamente[1]. En función de la casuística, tendríamos diferentes años de protección tras la muerte (70, 95, 120 años…)[2].

Frente a las distintas licencias de copyrights, tenemos las complementarias que serían el reflejo de las posiciones encaminadas a entender la información como algo social. Así nace el copyleft, procommons, creative commons… la

Revolución industrial trajo consigo la protección de los tangibles que se empezaron a producir masivamente. La Revolución tecnológica está forzando una nueva manera de entender lo inmaterial. Ahora lo importante reside en el acceso a los contenidos digitales; ora por descargas, ora mediante acceso en línea. En efecto, en los últimos años, se está instaurando un nuevo paradigma digital basado en el consumo de contenidos digitales on-line. Baste como ejemplo youtube, RTVE a la carta, y, por qué no, los cursos virtuales OCW (Open Course Ware)[3]. La UNED se basa en una licencia Creative Commons para los derechos de autor de sus cursos abiertos. Dicha licencia permite copiar, distribuir, modificar los contenidos de los cursos siempre que se cite la fuente y no tenga fines comerciales[4].

[1] La traducción es mía de la SEP: [..] the right to display the work publicly, and the right to perform it publickly […]

[2] En la legislación española tenemos la referencia de 70 años para los casos más comunes.

[3] OCW es una iniciativa editorial electrónica a gran escala, basada en Internet y fundada conjuntamente por la Fundación William and Flora Hewlett, la Fundación Andrew W. Mellon y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Información reflejada en la página Web de laUNED-OCW: http://ocw.innova.uned.es/ocwuniversia/About

[4] En la siguiente dirección detalla los aspectos más importantes de dicha licencia: http://ocw.innova.uned.es/ocwuniversia/front-page/derechos-de-autor/

 

Clave 8 – Límites de la Propiedad Intelectual

Evidentemente, incluso los mayores defensores de la existencia de la propiedad intelectual admiten que tiene que haber unas limitaciones razonables a la misma. No tendría sentido que se pudiera proteger una idea por millones de años. Es más, atentaría directamente al beneficio de la sociedad pues nadie, nunca, llevaría a cabo estas mejoras que podrían redundar en una mejora social. La cuestión espinosa y polémica es, como casi siempre, acertar en un punto de equilibrio.

Con las cuestiones filosóficas, éticas, económicas expuestas anteriormente, ¿qué categorías de obras son susceptibles de ser protegidas? ¿Cuánto tiempo es razonable proteger a una obra? ¿Cómo conseguir que la sociedad se beneficie de compartir una idea sin desproteger a su creador? Con la irrupción de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, ¿Cómo controlar la copia y distribución ilegal a través de internet? ¿Es ético el pago de cánones?

En relación a esta última pregunta, la última reforma de la Ley de Propiedad Intelectual estableció un canon para los soportes digitales. La justificación pretendía compensar al artista por las posibles copias privadas que se pudieran hacer. Pedro Farré, director de Relaciones Institucionales de la Sociedad General de Autores (SGAE) comentaba “en Inglaterra no hay canon y los precios no son más baratos”[1].

[1] Así lo indica Javier Cremades en su obra “Micropoder. La fuerza del ciudadano en la era digital” p. 171.

 

Clave 9 – Propiedad Intelectual en el siglo XXI

Sin duda, el mencionado Convenio de Berna asentó explícitamente los pilares temáticos que debía de proteger la propiedad intelectual. Ciertamente, no pudiéndose proteger lo desconocido, esa lista primigenia ha tenido que ir acogiendo nuevas formas de creación. Así podemos destacar nuevos elementos, de sobra conocidos en la actual sociedad de la información: las obras multimedia y los programas informáticos. Ambas, en todo caso, recogidas en el Artículo 2 de dicho Convenio: Los términos ‘obras literarias y artísticas’ comprenden todas las producciones en el campo literario, científico y artístico, cualquiera que sea el modo o forma de expresión.

Respecto a las producciones multimedia, no existe una figura jurídica explícita que se la defina si bien podemos consensuar la siguiente conceptualización: combinación de sonido, texto e imágenes en formato digital, accesible mediante un programa informático. En nuestra legislación, se puede apreciar un concepto aproximado en el título VI de la ley de propiedad intelectual[1] .

En cuanto a los programas informáticos, sí que existe una mayor explicitación tanto conceptual como jurídica. En nuestro ordenamiento al efecto, el título VII se refiere por entero a los programas informáticos[2].

[1] Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual, regularizando, aclarando y armonizando las disposiciones legales vigentes sobre la materia: TÍTULO VI Obras cinematográficas y demás obras audiovisuales. El artículo 86 reza el siguiente concepto: […] entendiendo por tales las creaciones expresadas mediante una serie de imágenes asociadas, con o sin sonorización incorporada que estén destinadas esencialmente a ser mostradas a través de aparatos de proyección o por cualquier otro medio de comunicación pública de la imagen y del sonido, con independencia de la naturaleza de los soportes materiales de dichas obras.

[2] El artículo 96 nos explicita qué se entiende por programa de ordenador:  […] toda secuencia de instrucciones o indicaciones destinadas a ser utilizadas, directa o indirectamente, en un sistema informático para realizar una función o una tarea o para obtener un resultado determinado, cualquiera que fuere su forma de expresión y fijación.

 

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Clave 10 – La Propiedad Intelectual y las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones

La irrupción de las TIC ha desencadenado una nueva manera de entender las relaciones entre las personas, configurando la llamada Sociedad de la Información. Detengámonos por un momento en una de sus consecuencias más notables: la red de redes. Su “creador”, Tim Berners-Lee propuso en 1980 un proyecto de lenguaje hipertextual para ir avanzando en la información a base de clicks mediante enlaces. En 1991 se lanzaría el primer sitio web http://info.cern.ch. No tenemos datos del número de usuarios de aquellas primeras páginas. No obstante, la consultora eMarketer indica que en 2006 se alcanzó la cifra de mil millones de internautas.

¿Qué idea de propiedad intelectual tenía Tim Berners-Lee cuando ideó internet? Desde luego dista mucho de la que tenemos hoy en día basada en términos protección económica. Este exbecario del CERN, sostuvo que la Web debía de entenderse como creación social. Así decía en su célebre obra Weaving the Web: el diseño original y el destino final de la World Wide Web

La web es más una creación social que técnica. La diseñé para un efecto social —para ayudar a las personas que trabajan juntas— y no como un juguete técnico. El objetivo último de la web es apoyar y mejorar nuestra existencia en la telaraña mundial. Nos agrupamos en familias, asociaciones y empresas. Desarrollamos la confianza a grandes distancias, y la desconfianza a la vuelta de la esquina

Internet supuso una plataforma neutral para las construcciones futuras. Técnicamente, la red está basada en una pila de protocolos (TCP/IP) cuyas especificaciones son completamente abiertas. No obstante, no es un caos descabezado. Existen distintas figuras que orientan los trabajos (IETF,…) cuya naturaleza está basada en una comunidad online de puesta en común con documentación y estándares abiertos.

La evolución de internet y de las TIC en general está configurando una nueva manera de entender el derecho a la propiedad intelectual. Hay varios ejemplos de sobra conocidos. Por ejemplo: los nombres de dominio, la compartición de ficheros multimedia (caso Napster…), el comercio electrónico…

De una parte, parece razonable que exista una cierta protección a las ideas, a la creación y que haya que regular en qué medios se puede o no explotar las ideas de otros. Uno de los argumentos más defendidos en este sentido es el incentivo a la innovación. Quien sostiene estas posiciones, arguye que si no hubiera algún tipo de recompensa económica, los autores buscarían otros medios para obtener réditos económicos.

De otra parte, estaría el aprendizaje social. La información no sería de nadie. En definitiva: nadie crea de la nada; por tanto, el creador de una obra ha tenido que obtener acceso a ideas e informaciones de otras personas sobre la cual desarrollar la suya. De esta manera, el conocimiento social le ha permitido desarrollar su idea, siendo así que le debe a la misma su aportación para el beneficio de la comunidad. Esta es la filosofía que se ha seguido en internet y que sostienen los defensores de la “naturaleza social de la información”[1].

Hay un ejemplo paradigmático de creación social que es wikipedia. En los años 90, la mayoría de las grandes editoriales se dieron cuenta de que tenían que ampliar los medios en los que materializar el conocimiento adquirido. Los grandes tomos enciclopédicos empezaban a perder terreno frente a los primeros buscadores. En una primera época, los motores de búsquedas no eran muy eficaces. Además, la calidad de la información recuperada era más que cuestionable. Por tanto, en un primer estadio de desarrollo, no estaba extendido el temor que algunos vaticinaban. Es bien conocido el ingente esfuerzo económico y tecnológico que hicieron todas las editoriales intentando adaptarse a las nuevas tecnologías y a una recién aparecida “wikipedia”. Pocas han podido sobrevivir a esta nueva manera de compartir información de manera masiva. El conocimiento es controlado, iterativamente refinado y corregido hasta el punto de estar actualizado (casi) al momento. Cuestión aparte es la credibilidad o la fiabilidad que se pueda otorgar a esta nueva herramienta de compartición. No obstante, es difícil de exagerar el impacto que ha tenido en el sector.

Tras las anteriores consideraciones nos planteamos el siguiente problema:
¿puede la ley adaptarse a la velocidad que impone la tecnología? En efecto, los avances informáticos aparecen con tal celeridad que pocas cosas podrían seguirle el ritmo; salvo otro avance técnico. Hete aquí donde tiene sentido hablar de los DRM (Digital Rights Management). Los sistemas digitales de protección de los derechos son artimañas tecnológicas que permiten una serie de mecanismos para el control de la copia, el acceso, la distribución…. La propia tecnología es problema y solución.

Así tenemos soluciones que limitan el número de copias, el número de ordenadores donde poder instalar un programa, el número o tiempo de accesos a determinados contenidos en línea…

Queda por tanto, un camino abierto para trazar un camino equilibrado entre limitar la descarga ilícita de contenidos y el control que la propia tecnología pone a disposición de los autores. Por cierto, la ley también debería darse prisa para poder legislar sobre estos controles. Otra cuestión importante serían los intereses económicos que están en juego así como la falta de formación tecnológica en los legisladores.

Íntimamente relacionado con los dos elementos expuestos anteriormente: la propiedad intelectual y las TIC, ha habido un movimiento imparable y creciente en el desarrollo de los programas de ordenador de las últimas décadas. Estamos hablando del movimiento Open Source o, para ser más rigurosos, del Software libre y de fuentes abiertas.

[1] La traducción es mía sobre el apartado 4.3 The Social Nature of Information Argument, del artículo Moore, Adam (2011), Intellectual Property, SEP

Índice del libro “ÉTICA DIGITAL”

Prólogo.

Capítulo 1 – Contexto tecnológico. Origen de internet

Capítulo 2 Del origen del Estado a la nueva sociedad en red

Sección I. Fundamento de las polis.

Sección II. Organización de la polis. Origen del estado

Sección III. La polis aristotélica. Los problemas de la propiedad privada persisten 2.500 años…

Sección IV. La nueva economía en red

Sección V. ¿Debemos implantar la Democracia electrónica? No seas un ingenuo tecnológico

Capítulo 3 Los ciudadanos digitales exigen nuevos derechos y una administración electrónica moderna

Sección I. Consideraciones previas sobres los Derechos Humanos

Sección II. Los derechos digitales.

Sección III. La Administración (electrónica). Principios rectores

Capítulo 4 – La Administración electrónica de hoy. Planes y Normativa de referencia

Sección I – Planes en Europa y España

Sección II – Normativa de referencia en materia de Administración electrónica. Ley 11/2007

Capítulo 5 – La Administración electrónica del Futuro. Normativa que revolucionará el marco jurídico de las Administraciones Públicas

Sección I – Ley de Régimen Jurídico del Sector Público

Sección II – Ley del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas

Capítulo 6 – Hacia una Administración electrónica ética y eficiente. El Software Libre como ejemplo de “negocio ético”

Sección I. Filosofía del Software Libre.

Sección II. ¿Qué aspectos éticos son útiles para la Administración?

Sección III. ¿La Administración obtendría beneficios económicos con la adopción del software libre?

Sección IV. Propiedad intelectual y Software Libre

Sección V. Dimensiones ética y pragmática del Software Libre. Estrategia de la Administración

Sección VI. Un negocio ético con riesgos

Sección VII. Situación actual

Epílogo – Una Administración sin papel y sin apellido

Apéndice I – Argumentación formal en contra de la Propiedad Intelectual como motor de innovación

Apéndice II – Tipos de Licencias del Software Libre

Apéndice III – ¿Los derechos de bienestar son derechos humanos?

Bibliografía y webgrafía.