Archivos Mensuales: septiembre 2015

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Las tres dimensiones de la argumentación

En palabras del profesor Luis Vega Reñón (2003)[1], entenderemos que una argumentación es una manera de dar cuenta y razón de algo a alguien, en el curso de una conversación, o ante alguien (pongamos un auditorio, un jurado, un lector), en determinados marcos y contextos del discurso (p. 11).

Podríamos destacar tres grandes momentos en la historia de la filosofía. El primero parece remontarse a Aristóteles de acuerdo a sus Refutaciones sofísticas. El segundo podría ser entre los siglos XII y XIV con los magistri escolásticos. Finalmente, el tercero y más reciente tendría cabida a mitad del siglo XX. Es en este periodo en el que aparecen también otras ramas íntimamente relacionadas con la argumentación, como son la lógica informal y el pensamiento crítico. También es época de grandes avances tecnológicos y científicos donde toman fuerza la Inteligencia Artificial y la ciencia cognitiva.

tres dimensiones de la argumentacion

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¿Qué perspectivas podemos distinguir en la teoría de la argumentación?

Tradicionalmente se han diferenciado tres: la lógica, la dialéctica y la retórica.

Lógica

Se focaliza en los productos como argumentos textuales. En este caso, la validez que importa en esta perspectiva no es una analítica donde la información concreta que porta la conclusión viene conceptual o analíticamente incluida en la información de las premisas (ibid.). Aquí interesa una clase de argumentos de la misma forma lógica en cuanto a su atributo formal. Esto es, dado un argumento, lo interesante es la extracción de su escenario y su traslado al lenguaje lógico (manteniéndose la supuesta correspondencia).

Por tanto, un buen argumento desde el punto de vista lógico se basaría en, dadas una premisas y un nexo inferencial, poder sentar su conclusión. Podría ser una deducción, pero también otros tipos (inducción, abducción,…).

Un mal argumento, en palabras de Vega Reñón, sería aquél que fallara en uno de los siguientes tres principios generales: 1) el nexo inferencial tiene que poder ser convalidado; (2) las premisas se tienen que atener a principios de aceptabilidad, suficiencia y pertinencia respecto de la conclusión; y 3) el argumento debe poder responder a las refutaciones.

Dialéctica

Esta segunda perspectiva no se basa tanto en el producto sino que tiene en cuenta lasinteracciones entre los agentes discursivos así como el propio proceso argumental. En él, podemos distinguir cuatro fases: 1) Apertura, donde se plantea el tema a resolver; 2) confrontación, donde se ponen de acuerdo los agentes en las reglas que van a seguir; 3) argumentación, la parte nuclear del proceso en la que se ponen encima de la mesa los mejores argumentos y refutaciones; y 4) clausura.

Para guiar un proceso argumental, el profesor Vega (2003, p.126-132), indica el siguiente decálogo (ofrecemos un resumen del mismo):

  1. Ningún participante debe impedir a otro tomar su propia posición.
  2. Quien sostenga una tesis, está obligada a defenderla.
  3. La crítica debe ser pertinente.
  4. La defensa igualmente debe referirse a ella.
  5. Todo interlocutor puede verse obligado a reconocer sus premisas.
  6. Debe considerarse que una tesis o una posición ha sido defendida de modo concluyente si su defensa ha consistido en argumentos derivados de un punto de vista común.
  7. Debe considerarse que una tesis o una posición ha sido defendida de modo concluyente si su defensa ha consistido en argumentos correctos.
  8. Los argumentos (deductivos) deben ser válidos mediante la explicitación de todas las premisas tácitas.
  9. El proponente debe retractarse si fracasa su defensa.
  10. Las proposiciones deben ser lo más precisas posibles.

En fin, podríamos resumir la dialéctica en lo siguiente: 1) el juego limpio; 2) la pertinencia de las alegaciones y 3) La suficiencia y efectividad de la argumentación.

Hay que destacar, en este ámbito, la pragmadialéctica que sería una teoría regulativa de los procedimientos argumentativos conforme a un modelo de argumentación razonable y aceptable (Vega, 2003).

Retórica

Esta perspectiva pretende englobar algunos aspectos que, no estando incluidos en las anteriores dimensiones, sí que intervienen en la argumentación. Estos rasgos tienen que ver con cierta irracionalidad emotiva, con la imagen del orador, con la receptividad del auditorio, con los elementos escénicos, etc.

Así distinguimos tres elementos, según Vega (2003): 1) el ethos, o talante del orador, su imagen, su poder de inducción, de persuasión o disuasión… 2) el pathos, la disposición receptiva de su auditorio; y 3) Kairos, el escenario en el que tiene lugar el proceso discursivo.

[1] Vega Reñón, L. (2003). Si de argumentar se trata. España: Intervención Cultural

La argumentación en la filosofía

¿Existe un discurso argumental típicamente filosófico? ¿Qué relaciones puede haber entre la teoría de la argumentación y la filosofía? Podemos diferenciar cuatro hipótesis:

La argumentación en la filosofía

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Hipótesis en la argumentación

  • La hipótesis nula, que sostiene que la argumentación no es un recurso característico de la filosofía. Una de las justificaciones sería la existencia de multitud de escuelas filosóficas diferentes que no consiguen acordar un marco discursivo común.

 

  • La hipótesis mínima, que defiende que la argumentación es un recurso típico en el discurso filosófico. Varios autores (G. Ryle, Waismann,…) han sostenido esta tesis aduciendo, por ejemplo, la especificidad de la argumentación en filosofía. En efecto, cabría distinguirla de las deducciones de las ciencias lógico-formales y de las pruebas empíricas de las ciencias observacionales (física…). En cuanto a la primera distinción, tomamos en préstamo las palabras de Waismann[1] (1965, p. 380): un argumento filosófico hace más y hace menos que un argumento lógico; menos, porque nunca demuestra algo de modo concluyente; más, porque si tiene éxito, no se contenta con establecer un punto aislado de verdad, sino que produce un cambio de perspectiva intelectual.

 

  • La hipótesis máxima, que mantiene que la argumentación es el recurso definitorio (no únicamente típico) del discurso filosófico.

 

  • La hipótesis fuerte, que defiende que la argumentación es un recurso necesario en el sentido de que si se mantiene una tesis de manera razonada y crítica, tiene que ser con la disposición a defenderla dando cuenta y razón; así como a asumir las consecuencias de la misma.

¿Cómo podemos caracterizar los argumentos filosóficos?

Cabría distinguirlos de deducciones concluyentes desde el punto de vista lógico-matemático así como de recursos basados en pruebas empíricas. Tampoco estarían basados, en general, en inducciones o en argumentos estadísticos y probabilísticos.

Sin que haya un consenso sobre qué tienen en común los argumentos filosóficos (adelantado por la justificación de la hipótesis nula), sí podemos encontrar algunos esquemas argumentales típicamente filosóficos. Por ejemplo (Vega[2], 2003, p. 238-252):

  • Argumentos fundacionales, que buscan sentar una verdad primera (ej. “pienso luego existo”)
  • Argumentos trascendentales, que siguen el esquema siguiente
    1. Nos consta la posibilidad de A
    2. Si no se diera C, no se daría la posibilidad de A
    3. Luego, es necesario que se dé C.
  • Argumentos por regresión al infinito, tratan de establecer una tesis mediante una recursión sin fin.
  • Argumentos mentales o imaginarios, que se apoyan en hipótesis irreales para descubrir alguna reducción al absurdo…

Además de los anteriores, existen también otros recursos como por ejemplo: 1) apelación la autoridad (experto); 2) apelación ad philosophiam, que en palabras del profesor Vega (2003, p.246), recurriría a que algo no es demandado o exigido por la filosofía.

 

[1] Waismann, F. (1965), Mi perspectiva de la filosofía, en A.J. Ayer (comp.), El positivismo lógico. México, FCE, 1965; pp. 349-385. El artículo data de 1956

 

[2] Vega Reñón, L. (2003). Si de argumentar se trata. España: Intervención Cultural

Utopía distópica de Tomás Moro

En la obra de Tomás Moro[1] podemos encontrar innumerables argumentos de índole ética, política y religiosa. En efecto, sería imposible concebir una sociedad utópica sin preguntarnos ¿qué es bueno? ¿Qué organización social, cultural, económica debería tener una sociedad ideal? ¿Qué influencia tiene la religión en los ciudadanos y en su desarrollo?

Utopía distópica de Tomás Moro

Imagen: wikipedia

Preguntas, todas, de rabiosa actualidad. ¿Acaso no asistimos perplejos diariamente a toda suerte de noticias que atentan contra nuestras concepciones básicas de moralidad, de legalidad, etc.? Todas las personas, independientemente de su desarrollo personal e intelectual posee una cierta manera de entender el mundo. En caso contrario, viviríamos en una constante incertidumbre y no podríamos valorar lo que nos rodea ni tomar decisiones. Lo anterior no justifica un relativismo moral o epistemológico que avale, ingenuamente, que es bueno lo que cada cual considere. De la misma manera tampoco sostiene que “esto es mi verdad” y, por tanto, es lo correcto.

La utopía[2] de Tomás Moro[3] es una invitación a la reflexión no sólo acerca de los problemas de la Inglaterra del siglo XV sino de la España del siglo XXI, con sus crisis económica, institucional y, en última instancia, moral.

¿Utopía distópica?

Según la wikipedia, una distopía es una “es una sociedad ficticia indeseable en sí misma”. Últimamente hay varias películas que se han catalogado de antiutopías como “insurgente” o “los juegos del hambre”. Por supuesto, nada tiene que ver el escenario que ofrecen estos filmes con la sociedad que nos sugería Tomás Moro. Sin embargo, todo lector de Utopía podría encontrar también señales de que tal sociedad adolecía de ciertas imperfecciones (a poco que dedicara una reflexión más profunda que la simple lectura de la obra).

En la segunda parte del libro, me gustaría resaltar un episodio relacionado con la gestión del tiempo de los utopianos. Tras detallar los horarios de trabajo, reposición de energías y descanso, Rafael indica qué hacer con el ocio. Por un lado parece indicar que cada cual es libre de hacer lo que considere mejor (por ejemplo, no hacer nada). Por otro, señala explícitamente cómo no está bien visto que los utopianos pierdan el tiempo en la ociosidad.

El tiempo que les queda entre el trabajo, la comida y el descanso se deja al libre arbitrio de cada uno. Se busca que cada uno, lejos de perder el tiempo en la molicie y ociosidad, se distraiga, en un hobby, al margen de sus ocupaciones habituales

Queda lejos de esta visión, aquellas otras que defienden dos objetivos. El primero, que es bien sabido que muchas de las genialidades e invenciones surgen en momentos de total ociosidad. Esto es, como resultado de un estado de sosiego mental o espiritual. El segundo objetivo es la defensa per sé del respeto a la plena autonomía de la persona para decidir qué hacer (o no) en su tiempo libre.

Con ocasión de los detalles que acompañan al almuerzo y a la cena, no escatiman en elementos alegres siguiendo el principio de ningún placer está prohibido con tal que no engendre mal alguno. Sin embargo, unas líneas más abajo relata cómo se puede viajar por la isla y, a continuación, señala:

[…] no hay nunca permiso para estar ocioso. No hay tampoco pretexto alguno para la vagancia. No hay tabernas, ni cervecerías, ni lupanares, ni ocasiones de corrupción, casas de citas, ni conciliábulos[…]

Cuesta conciliar estos dos ideas. Al menos, se necesitaría una explicación de por qué el ocio, las tabernas, etc. engendrarían algún mal.

En lo referente a los viajes comentados, se señala cómo el príncipe autoriza un salvoconducto con fecha de inicio y fin. Lo más reseñable es que: si alguien por su cuenta viaja fuera de su propio territorio, sin el salvoconducto del príncipe, se le devuelve como fugitivo y se le castiga severamente. Si reincide, queda reducido a la condición de esclavo.No es difícil asimilar algunos regímenes en la actualidad que tienen parcial o totalmente prohibido a sus ciudadanos salir del país. No deja de ser sospechoso en una nación utópica limitar las experiencias turísticas de sus ciudadanos. ¿Podría ser que el sistema temiera que aquel que saliera descubriese un nuevo mundo que no le motivara a volver? No debería ni siquiera plantearse dicho interrogante bajo la hipótesis de una sociedad utópica (ideal, en sí misma).

En fin, en la obra se puede observar la defensa a ultranza de las tesis platónicas arraigadas en La República. Tomás Moro, en boca de Rafael Hitlodeo, sostiene una sociedad basada en la comunidad de bienes. En ella, primaría lo público frente a lo privado. Es más, se asevera, por ejemplo, que es necesario prohibir la propiedad privada si queremos aspirar a cierta justicia social. Obviamente, esta determinación no es gratuita pues por debajo existe un dilema de hondas proporciones, a saber, libertad frente a igualdad.

[1] Tomás Moro, “la figura más atractiva de comienzos del siglo XVI”. Elton, England under the Tudors [Inglaterra bajo los Tudor], Londres, Methuen, 1957, pág. 139. Erasmo, al enterarse de su ejecución, dijo de Moro que “su alma era más pura que la nieve, su genio era tan grande que Inglaterra nunca tuvo ni volverá a tener otro igual.

 

[2] La primera versión de Utopía se publicó en latín en 1516. La traducción al inglés no se publicó hasta 1556. […]Unos creen que Utopía es principalmente una obra católica, en la que el autor expone sus opiniones, y donde todo lo que pueda parecer propaganda comunista es simple alegoría. Según otros, se trata de un manifiesto político en el cual todas las referencias a la religión deben pasarse por alto. Ambas interpretaciones son sólo parcialmente ciertas…] Watson (1999). Watson, Keith (1999), TOMAS MORO (1478-1535), (París, UNESCO: Oficina Internacional de Educación), vol. XXIV, nos 1-2, 1994, págs. 181-199. ©UNESCO: Oficina Internacional de Educación, 1999

[3] En palabras de Quesada (2003), fue canciller de Enrique VIII pero su crítica e independencia le costó la vida, fue decapitado, lo que hizo de él, además, un santo para la iglesia. Quesada, Julio (2003), Otra historia de la filosofía. Barcelona: Ariel

¿Qué es la lógica informal?

Haciendo historia, podemos encontrar incursiones en este ámbito (aunque no denominadas como lógica informal) en los Tópicos y las Refutaciones sofísticas, de Aristóteles. Dos milenios después, encontramos también una doble distinción de la lógica por parte del rector de Paris, Jean Gerson. Asimismo, otros autores como Pedro Hispano, Leibniz… han sugerido en sus textos la existencia de una lógica diferente de la matemática o formal clásica que sería de mayor aplicación en algunos ámbitos como el civil, el jurídico, etc.

¿Qué es la lógica informal?

Stuart Miles – freedigitalphotos.net

Su presentación moderna en sociedad puede datar en 1978 cuando se celebra el primerSymposium on Informal Logic (Universidad de Windsor) y se publica Understanding Arguments. An Introduction to Informal Logic, de Robert Fogelin[1]. Una de las cuestiones que más se planteaban era ¿puede haber una lógica que no sea formal? ¿No será una contradicción o, al menos, un oxímoron?

¿Qué motivos se pueden ofrecer para justificar la emergencia de esta disciplina? Ralph H. Johnson y J. Anthony Blair[2] destacarían lo siguiente: los movimientos críticos de carácter académico que promueven una nueva manera de analizar el mundo entendiendo que la lógica formal no es suficiente. Entienden que existen maneras alternativas de inferir y dan importancia al estudio de las falacias. Estas líneas también son apoyadas por las tesis al respecto que sostienen los estudios sobre psicología del razonamiento y comunicación.

A lo largo de la historia de la filosofía de la argumentación, han sido especialmente estudiadas las malas prácticas, las falacias. Éstas constituyen, pues, un campo de estudio de la lógica informal.

Con todo lo anterior, Johnson y Blair definieron la lógica informal de la siguiente manera: la rama de la lógica con el objetivo de analizar (no formalmente), evaluar y construir argumentos en el discurso usual común o especializado (ámbito jurídico, político, periodístico, etc.).

Todo lo anterior fue el caldo de cultivo de lo que podríamos llamar la teoría de la argumentación en su visión norteamericana.

 

[1] Fogelin, Robert J. Understanding Arguments. An introduction to informal logic. New              York: Harcourt Brace Jovanovich, 1978; 1982 2nd edit

[2] Johnson, Ralph H. & Blair J. Anthony, “Informal Logic and the reconfiguration of Logic”, en F.M. Gabbay, R.H. Johnson, H.J. Ohlbach & John Woods, eds. Handbook of the Logic of Argument and Inference. The turn towards the              practical. London, Elsevier Science, 2002; pp. 339-395

Introducción al pensamiento crítico

En la historia reciente, podemos remontarnos (como en el caso de la lógica informal), a los años 60 y 70 en el mundo académico estadounidense. Concretamente en los años 80 se incluyó en la Universidad de California State University Executive Order la instrucción formal en Critical Thinking. En palabras del profesor Vega Reñón[1], de aquí se esperaba de la disciplina: una mayor comprensión en las relaciones del lenguaje con la lógica que permitiera adquirir y desarrollar habilidades para razonar, analizar, criticar y defender ideas […] y de inferir unas conclusiones apropiadas.

El pensamiento crítico

Stuart Miles – freedigitalphotos.net

Si bien el desarrollo académico del pensamiento crítico no ha sido homogéneo, podemos señalar algunas características comunes en cuanto a su ámbito de acción. Se ocuparía de: 1) actitudes básicas de tratamiento de la información tales como el análisis, la clasificación… 2) actitudes estratégicas, a un nivel superior encargadas de dirigir las anteriores actitudes; y 3) actitudes metacognitivas, que se encargarían de dirigir las actitudes básicas y estratégicas hacia un fin.

De lo anterior, se desprende una propiedad que le distingue (al pensamiento crítico) de la lógica informal, su pragmatismo. Asimismo, reconoce abiertamente aspectos emotivos y afectivos como intervinientes en un proceso discursivo. Por ello, se nutre de fuentes psicológicas y cognitivas, de carácter descriptivo, más que en modelos normativos (que sería el caso de la lógica, especialmente, la formal).

En palabras de Ennis[2], el pensamiento crítico consiste en un modo de pensar razonado, hasta aquí igual que la lógica informal pero que involucra, además, habilidades y actitudes.

En suma, podemos resumir el pensamiento crítico como el estudio de las disposiciones y habilidades discursivas atentas no sólo a los razonamientos lógicos sino también a la capacidad de comunicación. Se diferencia de la lógica informal en que ésta no incluye objetivos pedagógicos ni tan prácticos como el pensamiento crítico (que se preocupa, por ejemplo, por la expresión eficaz,…).

 

[1] Vega Reñón, L, Olmos, P. (2011) Compendio de lógica: argumentación y retórica. España: trotta

[2] Ennis, Robert H. “A concept of Critical Thinking. A proposed basis for research in the teaching and evaluation of critical thinking ability”, Harvard Educational Review, 2/1 (1962): 157-187.

Ennis, Robert H. “A logical basis for measuring critical thinking skills”, Educational Leadership, 26 (1985): 44-48.

5 Claves para entender qué es el Software libre y de fuentes abiertas

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Clave 1 – Origen y evolución del Software Libre

De  la mano de los primeros desarrollos de la primigenia red de redes por el Darpa (Departamento de Defensa de EEUU), surgió en el ámbito académico un nuevo sistema operativo que revolucionaría aquel efervescente mundo tecnológico de los años setenta. Así Ken Thompson y Dennis Ritchie dieron a conocer UNIX en los laboratorios Bell. La idea, en palabras de Sebastián Sánchez, era presentar un entorno de trabajo agradable para el desarrollo de aplicaciones (Sánchez, 2002, prólogo). Tenía dos capacidades innovadoras: multiprogramación y tiempo compartido; que se traducía en que varias personas podía trabajar al mismo tiempo. Es difícil de exagerar lo que supuso este nuevo sistema abierto cuya acogida en los centros universitarios fue merecidamente calurosa.

 

Años más tarde, el finés Linux Torvalds presentó LINUX. Una distribución libre basada en UNIX. El núcleo no está desarrollado por ninguna fuente privativa. La mayoría del software disponible ha sido desarrollado por el proyecto GNU de la FSF[1] (Free Software Foundation) de Cambridge. Sin embargo, dice Sánchez, es toda la comunidad de programadores la que ha contribuido al desarrollo de aplicaciones para este sistema operativo (Sánchez, 2002, p.5)

 

Tanto en el mundo académico cuanto en el tecnológico el movimiento open source[2] fue ganando terreno. Eric S. Raymond influyó decisivamente con su obra “la catedral y el bazar” en la defensa de las ventajas de las fuentes abiertas. Una de los argumentos más conocidos se podría resumir en que cuatro ojos ven más que dos. Raymond aducía que en sistemas abiertos, muchas personas están observando y es más probable que se detecten los errores. En cambio, en sistemas tradicionales privativos, es una realidad que los errores afloran frecuentemente demasiado tarde (muchas veces en las computadoras privadas del usuario final).

[1] La FSF aportaría la nueva licencia GLP (General Public License) la cual podríamos llamar el primer copyleft. Con ella, los programadores ponían a disposición pública el código de los desarrollos bajo dicha licencia.

[2] Fue notable la publicación del código del navegador Netscape quien ganó una considerable cuota de mercado frente al imperante Internet Explorer.

 

Clave 2 – ¿Qué es lo que caracteriza al Software Libre?

Lo primero que tenemos que aclarar es que, en España, según el CENATIC[1] (Centro Nacional de Referencia de Aplicación de las TIC basadas en fuentes abiertas):

 

[…] los conceptos Software Libre y Software de Fuentes Abiertas hacen referencia a una misma realidad desde un punto de vista técnico, ya que la propia Ley 11/2007, de 22 de Junio, de Acceso Electrónico de los Ciudadanos a los Servicios Públicos, establece que una aplicación de fuentes abiertas es aquella que “se distribuye con una licencia que permite la libertad de ejecutarla, de conocer el código fuente, de modificarla o mejorarla y de distribuir copias a otros usuarios”

 

En todo caso, deben cumplirse cuatro propiedades esenciales: 1) Libertad de ejecución. Se puede usar el programa para cualquier propósito; 2) Libertad de acceso y adaptación. Se puede ver el código fuente y ver con todo el detalle cómo está desarrollado. Asimismo, se puede adaptarlo a tus necesidades modificando cuanto se desee; 3) Libertad para distribuir copias; 4) Libertad para mejorar el programa y distribuir copias.

 

De lo anterior se deduce que la gratuidad no es una de las características, error profusamente difundido[2].

 

En palabras de Roberto Feltrero[3] podemos distinguir cuatro ventajas derivadas de las cuatro libertades anteriores: 1) Ventaja cognitiva, al poder usar la aplicación; 2) ventaja técnica, al poder adaptar el software; 3) ventaja social, al entender el software como un elemento de beneficio social; y 4) ventaja ética, pues se pretende el acceso universal e igualitario a todas las personas al mundo software.

 

Todas estas ideas tenían que tener su plasmación legal en forma de licencia que pudiera servir de alternativa al “copyright. All rights reserved”. Así nació el “copyleft. All rights reversed”, siendo la licencia GPL (General Public License) pionera en este sentido. Con ella se protegían los derechos de aprendizaje social incentivando el desarrollo abierto y distribuido del software.

 

Una de las características más importantes del GLP es que exige que toda obra derivada también tenga que ser GPL, manteniendo esta condición para cualquier descendiente. No obstante, en el mundo real no todo es blanco o negro. Los propios desarrolladores de software libre se dieron cuenta que en ocasiones era provechoso reutilizar algún módulo privativo que pudiera encajar en el software libre. Para estos casos, surgió la licencia LGPL (Lesser GPL[4]).

 

¿Vulnera los derechos morales esta nueva desprotección de derechos? En absoluto, lo que ocurre exclusivamente es una apertura en los derechos patrimoniales (copia, alteración, distribución,…). Los derechos éticos asociados a la reivindicación y a la integridad que veíamos más arriba se mantienen asociados al autor inalienablemente.

 

¿Qué ocurre con la justificación económica en este caso? Ciertamente, no van a tener la recompensa directa que se buscaba en los derechos de autor inicialmente. No obstante, tiene otros beneficios. La popularidad y el prestigio son valores en alza en este entorno. Asimismo, existe también un beneficio indirecto económico. Normalmente viene dado sustancialmente por dos factores. El primero es el diferente tipo de producto en función del grado de calidad. Por ejemplo, Red Hat[5], empresa ampliamente conocida por su distribución de sistemas operativos, ofrece dos categorías de productos. Uno gratuito y otro de pago (aunque significativamente más barato que su competencia privativa). Este segundo se paga por la mayor funcionalidad y capacidad que ofrece. Normalmente, grandes organismos no podrían funcionar sobre las versiones free. El segundo factor es el mantenimiento. Existe una amalgama de diferentes tipos de mantenimientos y acuerdos de nivel de servicio. A mayor compromiso y garantía, mayor coste asociado.

[1] http://www.cenatic.es/sobre-el-software-libre

[2] Proveniente probablemente al equívoco neologismo “free software” el cual quería significar “libre” en este contexto pero se ha traducido a veces por “gratis” (quizás debido a que buena parte de los productos, en efecto, no tienen coste). El matiz estriba en que no es necesariamente gratuito.

[3] Las licencias del software libre: nuevos modelos y filosofías para la Propiedad Intelectual

[4] http://www.gnu.org/licenses/lgpl.html

[5] http://es.redhat.com/

 

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Clave 3 – La Propiedad Intelectual y el Software Libre

Según lo visto hasta ahora, podríamos categorizar dos dimensiones de la propiedad intelectual:

 

  • Dimensión ética. Esta versa sobre los derechos morales que tiene el autor en relación a su obra y a la explotación de la misma. Por otra parte, está el necesario equilibrio entre el beneficio individual y el beneficio colectivo (acceso igualitario y universal)

 

  • Dimensión pragmática. El beneficio económico incentiva a la innovación y a una realimentación para la creación de más obras, no sólo del autor sino de los editores y otros agentes involucrados.

 

¿Dónde encajaría el Software libre en este marco? En palabras de Feltrero (2004), en el  SL Libre se funden los argumentos éticos de tipo global con los argumentos morales de tipo individual[1].

 

Asociado al SL estaría su documentación. Esta, lógicamente, también tiene que estar alineada con el movimiento open. De esta manera surge la licencia FDL[2] que distingue la parte técnica (objetiva) de las opiniones (parte subjetiva). La diferencia reside en el tipo de protección. La primera parte puede ser modificada mientras que la segunda no, manteniendo inalterada la parte valorativa.

 

Otra cuestión a tener en cuenta es cómo poder categorizar las obras para poder saber qué licencia le es apropiada en función de su naturaleza. En este punto, Richard Stalman (2000) distingue tres tipos: 1) obras funcionales. Son obras objetivas del estilo FDL descritas anteriormente: recetas, diccionarios,…; 2) obras valorativas, en las que se exponen posiciones subjetivas: ensayos, artículos,… ; y 3) obras estéticas. Aquí estarían las creaciones artísticas no incluidas en las dos anteriores: novelas, música,…

 

Si bien la clasificación de Stallman inspira para ser conscientes de la importancia en poder conciliar la propiedad intelectual frente al beneficio social, no deja de tener algunos problemas sin resolver. En efecto, no todas las obras pueden ser categorizadas en estas tres ramas. Es más, la mayoría estarían a caballo entre varias de ellas. Por ejemplo, es muy difícil encontrar obras que sean totalmente objetivas o subjetivas. Por otra parte, ¿quién lo determinaría?

 

Esta última pregunta nos introduce a un nuevo enfoque centrado en el autor como garante de sus propios derechos. Con esta filosofía nace la licencia Creative Commons[3](CC). Existen seis licencias que son producto de la combinación de las siguientes condiciones[4]:

 

  • Reconocimiento. Explicitar la autoría de la obra.
  • No comercial. No se permite que la obra original, puedan obtenerse lucros
  • Sin obras derivadas. No se permite la transformación para crear obras a partir de la original
  • Compartir igual. Se permite la transformación para las obras derivadas. Eso sí, debe mantenerse la misma licencia.

 

Con esta filosofía de licencia abierta se da la oportunidad al autor para que decida qué derechos (y en qué grado) desea compartir. No se opone al copyright, sino que, sobre esta “sobreprotección” de derechos, indica cuáles quiere que sean de dominio público.

 

Con ello, hemos conseguido una fórmula intermedia que suaviza el control que obtienen las actuales leyes de copyrights subsumidas en un contexto en el que prima la dimensión económica (casi con exclusividad). Permite, asimismo, dotar al autor de mayor autoría y autonomía para poder decidir sobre su creación.

[1] En el documento Las licencias del software libre: nuevos modelos y filosofías para la Propiedad Intelectual”, en la página 5 Roberto Feltrero distingue tres tipos de argumentos: tipo moral, de tipo pragmático y de tipo ético. Yo he creído fusionar el ético y el moral por ser muy parecidos y simplificar la distinción frente a la dimensión pragmática, nítidamente opuesta.

[2] http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html

[3] Creative Commons es una organización sin ánimo de lucro que permite a autores y creadores compartir voluntariamente su trabajo, entregándoles licencias y herramientas libres que les permitan aprovechar al máximo toda la ciencia, conocimiento y cultura disponible en Internet. http://es.creativecommons.org

[4] http://es.creativecommons.org/blog/licencias/

 

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Clave 4 – Evolución del Software Libre

El movimiento open source que hemos expuesto someramente ha ido evolucionando alterando, según algunos críticos, su esencia. Por ejemplo, Cremades (2007) pone el ejemplo de Firefox, navegador alternativo al famoso Internet Explorer. Nació a partir de otro browser, Netscape, con la misma filosofía abierta. No obstante, la Fundación Mozilla gestiona el código y emplea directamente a un grupo de programadores. ¿Se está jerarquizando el modelo de negocio del sw libre? Los menos críticos hablan de la estructura de círculos concéntricos.

 

En los más externos estarían las personas que contribuyen de manera solidaria con sus aportaciones sin ánimo de lucro. Por otro, en los círculos más internos habitaría un grupo coptado de personal altamente cualificado que revisaría todas las sugerencias y, en última instancia, decidiría qué se implementa y se incorpora como mejora.

 

Los defensores de este método aducen que en un mundo tecnológico tan competitivo, la calidad es un factor determinante. Ésta se conseguiría mediante una mayor gestión de los cambios y de control (la cual es más difícil de forma distributiva). Un ejemplo de esto sería el caso de Red Hat mencionado arriba o tantos otros[1].  Finalmente, se argumenta que, sin lo anterior, se pondría en riesgo la supervivencia de la empresa. Esta aseveración no está exenta de polémica pues podemos encontrar en el mercado ejemplos exitosos de un lado y de otro.

[1] Apache como servidor web, JBOSS como servidor de aplicaciones, MySQL como Servidor de Bases de datos…

 

Clave 5 – El lado oscuro del Software Libre

Tras revisar al alza las bondades que conlleva la socialización de la información, no todo son ventajas en el movimiento open.

 

Uno de los problemas que se da en muchas comunidades abiertas es que la gente absorbe conocimiento (para su desarrollo personal libre o privativo) pero no aporta apenas o nada. Esto ocurría en mayor medida en los inicios cuando no existían licencias que protegieran legalmente los derechos de autor (aunque fueran copyleft). Aunque más mitigado, sigue ocurriendo a día de hoy.

 

Existe, no obstante, otro problema más importante que ataca la línea de flotación del SL. Sería un argumento ético en el sentido siguiente: se presentaría una filosofía de movimiento abierto cuando, tras ese velo presuntamente solidario, se descubriera una organización intrínsecamente sectaria desde un punto de vista epistemológico. ¿Por qué? Los que defienden esta posición de agravio aducen que muy pocas personas pueden, en realidad, acceder a la información debido a la alta cualificación técnica que ha de disponerse. La modificación de los programas quedaría también relegada a dicho personal técnico. Finalmente, todo el poder decisorio sería por supuesto también objeto del mismo personal. De las cuatro libertades del SL, quizás la distribución de copias pudiera ser la menos vulnerada en este argumento.

 

Una tercera crítica sería el riesgo inherente a la falta de mantenimiento de un producto o bien a una mejora continua de calidad. Si una comunidad de desarrollo decidiera no proseguir con el trabajo, quedarían vulnerables los usuarios que han confiado en el uso de dicho producto. Esto podría darse en grandes compañías y en organismos públicos. La mayoría de los ministerios en España tienen un porcentaje de su estado del arte basados en productos libres. Normalmente, este riesgo no suele ser tan alto ya que los sistemas adquiridos suelen ser muy reconocidos y con una profesionalidad que garantiza que, o bien no se va a producir este abandono, o bien, se anunciaría con suficiente antelación como para que el cliente pudiera migrar a otro producto equivalente (en el mundo libre o privativo).

 

Roberto Feltrero (2003) nos ilustra un ejemplo en este sentido al hablar de las bibliotecas y su suscripción a revistas digitales. Según este autor, las bibliotecas tienen dos funciones básicas: dar acceso a fondos y configurar un repositorio de conocimiento. Con las suscripciones electrónicas y la temporalidad en el tiempo que conllevan la renovación de los pagos podríamos tener un problema. En efecto, si no agotara una licencia y no ser renovara podrían verse minadas ambas funcionalidades[1].

[1] Feltrero puntualiza que estaría más dañada la segunda funcionalidad en relación a no poder tener cumplir con la labor de de la elaboración  de un fondo bibliográfico de ese material.

10 claves para entender qué es la Propiedad Intelectual

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Clave 1 – ¿Qué es la Propiedad Intelectual?

La propiedad intelectual (PI) sería toda creación del intelecto humano.

Normalmente se caracteriza por proteger los derechos de un autor en la explotación y obtención de beneficios de su obra. El concepto de propiedad intelectual tiene su raíz en la idea de reconocer la autoría de un creador y su derecho a cualquier beneficio que pueda producirse como resultado de su trabajo y explotación.

La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual asevera:

 

La propiedad intelectual (P.I.) tiene que ver con las creaciones de la mente: las invenciones, las obras literarias y artísticas, los símbolos, los nombres, las imágenes y los dibujos y modelos utilizados en el comercio.[1]

 

La PI está orientada a la información o los conocimientos que pueden transformarse en bienes tangibles y ser distribuidos a lo largo del mundo. En efecto, este derecho no está focalizado en dichos tangibles sino en la causa y origen de los mismos.

[1] Extraído de “qué es la propiedad intelectual”. URL: http://www.wipo.int/about-ip/es/

 

Clave 2 – ¿Cuál es el origen y evolución de la Propiedad Intelectual?

Aunque últimamente se está hablando mucho de ella, de su ámbito, de sus posibles excesos… es un asunto que tiene más de dos milenios de antigüedad pudiéndonos retrotraer a la antigua Grecia donde ya se hablaba de la misma. En efecto, una de las primeras referencias la podemos tener con Vitrubio[1] (s. II a.C) quien expuso cómo había falsos poetas que se habían apropiado con palabras y frases de otros sin citar sus fuentes.

También en el imperio romano podemos encontrar varios casos. Por ejemplo, se podía discutir acerca de la autoría de una pintura (que pertenecería al artista) que está plasmada sobre un material (que sería propiedad del artesano).

En los siguientes siglos, hay que destacar uno de los primeros estatutos que se redactaron en la Florencia del siglo XV donde se protegía los derechos de autor, sentando las bases de lo siguientes desarrollos de propiedad intelectual tanto en América como en Europa.

Las instituciones americanas de propiedad intelectual están basadas en el sistema inglés el cual arrancó con el Estatuto de los monopolios (1624) y en el Estatuto de la Reina Ana (1710). Éste último marcó un antes y un después ya que introducía, por primera vez, el derecho de copyright a su autor[2].

Tras el ejemplo inglés, varios países europeos siguieron su estela adoptando estas líneas de protección (Bugbee, 1967)[4].

En el siglo XIX, cabe reseñar dos convenios de especial significación: El Convenio de París para la Protección de la Propiedad Industrial (1883) y el Convenio de Berna para la Protección de Obras Literarias y Artísticas (1886).

[1] La traducción es mía sobre el artículo Intellectual Property, The Stanford Encyclopedia of Philosophy: […] de la Stanford In the first case, Vitruvius (257–180 B.C.E.) is said to have revealed intellectual property theft during a literary contest in Alexandria. While serving as judge in the contest, Vitruvius exposed the false poets who were then tried, convicted, and disgraced for stealing the words and phrases of others. […]

[2] Pudiendo autorizar la reproducción de la obra, elegir el editor…El plazo de protección era de 14 años, prorrogables otros 14, si el autor seguía viviendo.

[3] Fuente: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/e/ec/Statute_of_anne.jpg/290px-Statute_of_anne.jpg

[4] La traducción es mía sobre el contexto del artículo “propiedad intelectual” de la SEP (Stanford Encyclopedia of Philosophy)

 

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Clave 3- Naturaleza ética de la Propiedad Intelectual

En primer lugar, tendríamos el derecho a las leyes morales que se presuponen al creador de una obra respecto de la misma. De otro lado, también estaría del derecho de la sociedad a beneficiarse de dicha obra. La OMPI dice en este sentido […] y de los derechos del público a beneficiarse de las mismas [de la obra]. ¿De qué manera los derechos de propiedad intelectual protegen a la audiencia de poderse beneficiar de las creaciones? Si bien el argumento ético parece encomiable, no es fácil alcanzar ejemplos o razones que apoyen dicho objetivo, antes bien, el contrario.

Otro argumento en este sentido es el objetivo de promover la creatividad y los fines de difusión. El creador invierte tiempo y esfuerzo en la generación de su obra intelectual. Esta, para que pueda distinguirse y ser original, tiene que haber sido dotada de cierta dosis de creatividad. No es desdeñable este esfuerzo en la mayoría de los casos. Los bienes tangibles que pudieran derivarse de estas ideas redundarán en la sociedad en mayor o menor medida. Este resultado final no sería posible si el autor perdiera dichos derechos.

Hemos hablado de la naturaleza ética y económica que podría justificar la propiedad intelectual. Ahora bien, ¿qué derechos se pretenden que estén protegidos? Tanto la OMPI como la mayoría de legislaciones al respecto distinguen dos tipos: derechos éticos y derechos patrimoniales.

Nos fijaremos en los primeros, los derechos morales. Suelen ser de dos tipos: 1) derecho de paternidad (la obra puede ser reivindicada por su autor) y 2) derecho de integridad: la obra sólo puede ser alterada por su creador. Estos son independientes de los derechos patrimoniales. Asimismo, aunque el autor cediera parte de ellos, los morales nunca se conceden. En la ley de propiedad intelectual, el artículo 14 reza explícitamente: son derechos irrenunciables e inalienables.[1]

[1] El mismo artículo indica algunos de dichos derechos morales: 1.º Decidir si su obra ha de ser divulgada y en qué forma. 2.º Determinar si tal divulgación ha de hacerse con su nombre, bajo seudónimo o signo, o anónimamente. 3.º Exigir el reconocimiento de su condición de autor de la obra. 4.º Exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación. 5.º Modificar la obra respetando los derechos adquiridos por terceros y las exigencias de protección de bienes de interés cultural. 6.º Retirar la obra del comercio, por cambio de sus convicciones intelectuales o morales, previa indemnización de daños y perjuicios a los titulares de derechos de explotación.

 

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Clave 4 – Naturaleza económica de la Propiedad Intelectual

¿Existen intereses económicos que pueden justificar la propiedad intelectual? Como veíamos antes, el autor tiene un coste en tiempo y esfuerzo. Si no recibiera una recompensa económica por el mismo, puede que lo hiciera en todo caso (en su tiempo libre…) o puede que no pudiera (en el bien entendido de que las personas necesitan un sustento económico para su desarrollo básico). En este último caso, el creador no estaría motivado económicamente y buscaría otras ocupaciones más provechosas. Se rompería la cadena expuesta más arriba, penalizándose, en último caso, la sociedad (y, por cierto, también el propio creador en última instancia).

A caballo entre la motivación ética y económica, estaría la defensa de la competencia leal. Ciertamente, tras el esfuerzo en desarrollar una obra, si no existiera ninguna protección, otra persona (empresa,…) podría apropiarse de la misma y obtener todo el beneficio resultante de la distribución y explotación de los tangibles derivados.

 

Clave 5 – Tipos de Propiedad Intelectual

Podríamos distinguir dos categorías ontológicas de propiedad intelectual: la propiedad industrial y los derechos de autor.

La propiedad industrial centraría su protección mediante patentes, en la defensa de las marcas comerciales, diseños industriales (creaciones estéticas que determinan el aspecto de un producto industrial[1])…

Los derechos de autor protegerían las creaciones artísticas: obras literarias, música, pinturas, esculturas, películas, programas de computador…

La protección de los derechos tiene que ir encaminada a expresiones concretas. Por ejemplo, alguien que exprese de manera más específica la teoría de relatividad de Einstein, no estaría infringiendo derechos de autor (aunque quizás sí plagio)[2].

Sería interesante distinguir entre invención y obra (literaria, artística,…) para poder esclarecer y justificar su distinta protección.

Una invención sería toda idea solución a un problema técnico[3]. En este caso, lo que se protege es un intangible y, consecuentemente, su derecho a explotarlo (materializar la idea y obtener beneficios de la misma). Llegado el caso, apunta la OMPI, si un tercero llegara a la misma idea sin incluso tener constancia de la existencia de que ya existe, tendría que pedir autorización para poder explotarla. Esta estrategia sería análoga a la indicada por Van Parijs y Ansperger del tipo “el primero que llega se queda con ello”, referido al libertarismo en su obra Ética Económica y Social. En efecto, en el capítulo dedicado este movimiento, hablan de tres características asociadas: 1) la autopropiedad (cada persona es propiedad de sí misma); 2) la transferencia voluntaria: Un individuo no puede limitarse a la propiedad de uno mismo pues necesita de elementos externos para su desarrollo natural: aire que respirar, comida… Por ello, debe haber una transferencia voluntaria con la persona que era antes legítimamente propietaria (una casa…). Hacer notar que el precio justo es únicamente el acordado independientemente de si hay monopolios, monopsonios, burbujas económicas (inmobiliaria…); y 3) apropiación originaria. Este podría resumirse con “el primero que llega se queda con ello” o bien otras alternativas que suavizan la posición. Esta última característica está enfocada a un ámbito más material, por ejemplo, el descubrimiento de nuevas tierras. No obstante, creo legítimo extrapolarlo a lo intangible, por ejemplo, a las ideas protegidas por la propiedad intelectual. 

Por otro lado, tendríamos las obras literarias o artísticas. Aquí lo que se protege no es la idea sino la expresión de ella, su forma material: una palabra, un libro, un lienzo, unas líneas de código, una base de datos,… Desde este punto de vista, la creación se entendería como la elección de la disposición de los caracteres alfabéticos, de las notas musicales o de los trazos de pinturas.

La anterior diferencia ontológica explica la distinta protección legal. Así normalmente las patentes suelen tener un blindaje de unos veinte años frente a los setenta de los derechos de autor (en la mayoría de las legislaciones actuales europeas). Además, en el caso de las invenciones, suele ser imprescindible publicitarlas de modo que exista un registro oficial de las mismas. En el caso de las obras literarias o artísticas, no es necesario puesto que ya existen como expresiones de ideas siendo, asimismo, protegidas desde el mismo momento de su creación.

[1] Es de sobra conocida multitud de pugnas jurídicas que se tienen en la actualidad entre infinidad de empresas que denuncian “copias” estéticas de sus productos. Así tenemos el ejemplo entre Appley y Samsung a tenor de sus semejanzas estéticas entre algunos de sus terminales (Iphone – Samsung Galaxy).

[2] Ejemplo extraído de la SEP: Moore, Adam (2011), Intellectual Property

[3] Principios básicos del Derecho de Autor y los derechos conexos (OMPI, p. 5).

 

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Clave 6 – Justificaciones filosóficas a favor y en contra de la Propiedad Intelectual

Vamos a resumir tres posiciones de índole filosófica en cuanto a la naturaleza y causa de la propiedad intelectual.

La primera de ellas tiene que ver con la posición centrada en la persona. Uno de los defensores fue Hegel. No hay que minusvalorar el riesgo que asumen los autores al dar a conocer su obra. Ciertamente, su reputación está en juego, no sólo su sustento económico. De esta manera, se torna necesaria una protección que cubra dicho riesgo. Por otra parte, como ya se ha mencionado, la propia sociedad se beneficia del progreso que conllevan las creaciones e innovaciones derivadas de las ideas y obras de los autores.

Uno de los contraargumentos más extendidos es la defensa de la naturaleza social de la información. Esto es, la información no es propiedad de nadie y, el compartirla, redunda en una mejoría de la sociedad.

Al hilo de esta última idea, se desprende el segundo argumento de corte utilitarista. En efecto, el autor no invertiría su esfuerzo en crear obras si no tuviera una protección legal que lo amparase. No se trata de enriquecerse a espuertas y monopolizando el mercado sino poder obtener un proporcionado reconocimiento económico. Sin este, el autor declinaría esta senda de infructuoso desgaste orientando su energía a otros menesteres más rentables. En última instancia, la propia sociedad perdería estos beneficios.

Contra esta posición, se encuentran aquellos que defienden que la recompensa económica no es la única que debería perseguir el autor. De hecho, no es lo único que obtienen ya que, al disponer de ella públicamente, también ganan reconocimiento y prestigio. Muchas veces esto es de mayor valor que el puro beneficio monetario. Es más, en ciertos momentos o entornos (académico…) puede ser mucho más compensatorio y enriquecedor.

Finalmente, el tercer gran argumento que podemos encontrar en defensa de la propiedad intelectual, vienen de la mano de posiciones lockeanas sobre la propiedad. Según las mismas, el hombre es dueño tanto de sí mismos como de su trabajo. De esta manera, cuando una persona trabaja un objeto que no posee, se produciría una suerte de extensión del derecho que abarcaría a dicho objeto como suyo.

Esta posición no está exenta de refutaciones. Por ejemplo, Jeremy Waldron (1983) aduce una inconsistencia ontológica ya que no se puede mezclar acciones con objetos[1]. El mismo autor junto con Perry (1978) indican que la mezcla entre una acción con un objeto daría más derechos limitados y no una extensión global de derecho[2].

[1] La traducción es mía de a SEP: […] actions cannot be mixed with objects […]

[2] La traducción es mía de a SEP: […] mixing one’s labor with a unowned objetct shouled yield more limited rights than rights of full ownership […]

 

Clave 7 – Tipos de licencias

La SEP distingue cinco derechos de copyrights claramente diferenciados: el derecho a reproducir el trabajo, el derecho a adaptarlo, el derecho a distribuir copias, el derecho a mostrarlo públicamente, y el derecho a realizarlo públicamente[1]. En función de la casuística, tendríamos diferentes años de protección tras la muerte (70, 95, 120 años…)[2].

Frente a las distintas licencias de copyrights, tenemos las complementarias que serían el reflejo de las posiciones encaminadas a entender la información como algo social. Así nace el copyleft, procommons, creative commons… la

Revolución industrial trajo consigo la protección de los tangibles que se empezaron a producir masivamente. La Revolución tecnológica está forzando una nueva manera de entender lo inmaterial. Ahora lo importante reside en el acceso a los contenidos digitales; ora por descargas, ora mediante acceso en línea. En efecto, en los últimos años, se está instaurando un nuevo paradigma digital basado en el consumo de contenidos digitales on-line. Baste como ejemplo youtube, RTVE a la carta, y, por qué no, los cursos virtuales OCW (Open Course Ware)[3]. La UNED se basa en una licencia Creative Commons para los derechos de autor de sus cursos abiertos. Dicha licencia permite copiar, distribuir, modificar los contenidos de los cursos siempre que se cite la fuente y no tenga fines comerciales[4].

[1] La traducción es mía de la SEP: [..] the right to display the work publicly, and the right to perform it publickly […]

[2] En la legislación española tenemos la referencia de 70 años para los casos más comunes.

[3] OCW es una iniciativa editorial electrónica a gran escala, basada en Internet y fundada conjuntamente por la Fundación William and Flora Hewlett, la Fundación Andrew W. Mellon y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Información reflejada en la página Web de laUNED-OCW: http://ocw.innova.uned.es/ocwuniversia/About

[4] En la siguiente dirección detalla los aspectos más importantes de dicha licencia: http://ocw.innova.uned.es/ocwuniversia/front-page/derechos-de-autor/

 

Clave 8 – Límites de la Propiedad Intelectual

Evidentemente, incluso los mayores defensores de la existencia de la propiedad intelectual admiten que tiene que haber unas limitaciones razonables a la misma. No tendría sentido que se pudiera proteger una idea por millones de años. Es más, atentaría directamente al beneficio de la sociedad pues nadie, nunca, llevaría a cabo estas mejoras que podrían redundar en una mejora social. La cuestión espinosa y polémica es, como casi siempre, acertar en un punto de equilibrio.

Con las cuestiones filosóficas, éticas, económicas expuestas anteriormente, ¿qué categorías de obras son susceptibles de ser protegidas? ¿Cuánto tiempo es razonable proteger a una obra? ¿Cómo conseguir que la sociedad se beneficie de compartir una idea sin desproteger a su creador? Con la irrupción de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, ¿Cómo controlar la copia y distribución ilegal a través de internet? ¿Es ético el pago de cánones?

En relación a esta última pregunta, la última reforma de la Ley de Propiedad Intelectual estableció un canon para los soportes digitales. La justificación pretendía compensar al artista por las posibles copias privadas que se pudieran hacer. Pedro Farré, director de Relaciones Institucionales de la Sociedad General de Autores (SGAE) comentaba “en Inglaterra no hay canon y los precios no son más baratos”[1].

[1] Así lo indica Javier Cremades en su obra “Micropoder. La fuerza del ciudadano en la era digital” p. 171.

 

Clave 9 – Propiedad Intelectual en el siglo XXI

Sin duda, el mencionado Convenio de Berna asentó explícitamente los pilares temáticos que debía de proteger la propiedad intelectual. Ciertamente, no pudiéndose proteger lo desconocido, esa lista primigenia ha tenido que ir acogiendo nuevas formas de creación. Así podemos destacar nuevos elementos, de sobra conocidos en la actual sociedad de la información: las obras multimedia y los programas informáticos. Ambas, en todo caso, recogidas en el Artículo 2 de dicho Convenio: Los términos ‘obras literarias y artísticas’ comprenden todas las producciones en el campo literario, científico y artístico, cualquiera que sea el modo o forma de expresión.

Respecto a las producciones multimedia, no existe una figura jurídica explícita que se la defina si bien podemos consensuar la siguiente conceptualización: combinación de sonido, texto e imágenes en formato digital, accesible mediante un programa informático. En nuestra legislación, se puede apreciar un concepto aproximado en el título VI de la ley de propiedad intelectual[1] .

En cuanto a los programas informáticos, sí que existe una mayor explicitación tanto conceptual como jurídica. En nuestro ordenamiento al efecto, el título VII se refiere por entero a los programas informáticos[2].

[1] Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual, regularizando, aclarando y armonizando las disposiciones legales vigentes sobre la materia: TÍTULO VI Obras cinematográficas y demás obras audiovisuales. El artículo 86 reza el siguiente concepto: […] entendiendo por tales las creaciones expresadas mediante una serie de imágenes asociadas, con o sin sonorización incorporada que estén destinadas esencialmente a ser mostradas a través de aparatos de proyección o por cualquier otro medio de comunicación pública de la imagen y del sonido, con independencia de la naturaleza de los soportes materiales de dichas obras.

[2] El artículo 96 nos explicita qué se entiende por programa de ordenador:  […] toda secuencia de instrucciones o indicaciones destinadas a ser utilizadas, directa o indirectamente, en un sistema informático para realizar una función o una tarea o para obtener un resultado determinado, cualquiera que fuere su forma de expresión y fijación.

 

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Clave 10 – La Propiedad Intelectual y las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones

La irrupción de las TIC ha desencadenado una nueva manera de entender las relaciones entre las personas, configurando la llamada Sociedad de la Información. Detengámonos por un momento en una de sus consecuencias más notables: la red de redes. Su “creador”, Tim Berners-Lee propuso en 1980 un proyecto de lenguaje hipertextual para ir avanzando en la información a base de clicks mediante enlaces. En 1991 se lanzaría el primer sitio web http://info.cern.ch. No tenemos datos del número de usuarios de aquellas primeras páginas. No obstante, la consultora eMarketer indica que en 2006 se alcanzó la cifra de mil millones de internautas.

¿Qué idea de propiedad intelectual tenía Tim Berners-Lee cuando ideó internet? Desde luego dista mucho de la que tenemos hoy en día basada en términos protección económica. Este exbecario del CERN, sostuvo que la Web debía de entenderse como creación social. Así decía en su célebre obra Weaving the Web: el diseño original y el destino final de la World Wide Web

La web es más una creación social que técnica. La diseñé para un efecto social —para ayudar a las personas que trabajan juntas— y no como un juguete técnico. El objetivo último de la web es apoyar y mejorar nuestra existencia en la telaraña mundial. Nos agrupamos en familias, asociaciones y empresas. Desarrollamos la confianza a grandes distancias, y la desconfianza a la vuelta de la esquina

Internet supuso una plataforma neutral para las construcciones futuras. Técnicamente, la red está basada en una pila de protocolos (TCP/IP) cuyas especificaciones son completamente abiertas. No obstante, no es un caos descabezado. Existen distintas figuras que orientan los trabajos (IETF,…) cuya naturaleza está basada en una comunidad online de puesta en común con documentación y estándares abiertos.

La evolución de internet y de las TIC en general está configurando una nueva manera de entender el derecho a la propiedad intelectual. Hay varios ejemplos de sobra conocidos. Por ejemplo: los nombres de dominio, la compartición de ficheros multimedia (caso Napster…), el comercio electrónico…

De una parte, parece razonable que exista una cierta protección a las ideas, a la creación y que haya que regular en qué medios se puede o no explotar las ideas de otros. Uno de los argumentos más defendidos en este sentido es el incentivo a la innovación. Quien sostiene estas posiciones, arguye que si no hubiera algún tipo de recompensa económica, los autores buscarían otros medios para obtener réditos económicos.

De otra parte, estaría el aprendizaje social. La información no sería de nadie. En definitiva: nadie crea de la nada; por tanto, el creador de una obra ha tenido que obtener acceso a ideas e informaciones de otras personas sobre la cual desarrollar la suya. De esta manera, el conocimiento social le ha permitido desarrollar su idea, siendo así que le debe a la misma su aportación para el beneficio de la comunidad. Esta es la filosofía que se ha seguido en internet y que sostienen los defensores de la “naturaleza social de la información”[1].

Hay un ejemplo paradigmático de creación social que es wikipedia. En los años 90, la mayoría de las grandes editoriales se dieron cuenta de que tenían que ampliar los medios en los que materializar el conocimiento adquirido. Los grandes tomos enciclopédicos empezaban a perder terreno frente a los primeros buscadores. En una primera época, los motores de búsquedas no eran muy eficaces. Además, la calidad de la información recuperada era más que cuestionable. Por tanto, en un primer estadio de desarrollo, no estaba extendido el temor que algunos vaticinaban. Es bien conocido el ingente esfuerzo económico y tecnológico que hicieron todas las editoriales intentando adaptarse a las nuevas tecnologías y a una recién aparecida “wikipedia”. Pocas han podido sobrevivir a esta nueva manera de compartir información de manera masiva. El conocimiento es controlado, iterativamente refinado y corregido hasta el punto de estar actualizado (casi) al momento. Cuestión aparte es la credibilidad o la fiabilidad que se pueda otorgar a esta nueva herramienta de compartición. No obstante, es difícil de exagerar el impacto que ha tenido en el sector.

Tras las anteriores consideraciones nos planteamos el siguiente problema:
¿puede la ley adaptarse a la velocidad que impone la tecnología? En efecto, los avances informáticos aparecen con tal celeridad que pocas cosas podrían seguirle el ritmo; salvo otro avance técnico. Hete aquí donde tiene sentido hablar de los DRM (Digital Rights Management). Los sistemas digitales de protección de los derechos son artimañas tecnológicas que permiten una serie de mecanismos para el control de la copia, el acceso, la distribución…. La propia tecnología es problema y solución.

Así tenemos soluciones que limitan el número de copias, el número de ordenadores donde poder instalar un programa, el número o tiempo de accesos a determinados contenidos en línea…

Queda por tanto, un camino abierto para trazar un camino equilibrado entre limitar la descarga ilícita de contenidos y el control que la propia tecnología pone a disposición de los autores. Por cierto, la ley también debería darse prisa para poder legislar sobre estos controles. Otra cuestión importante serían los intereses económicos que están en juego así como la falta de formación tecnológica en los legisladores.

Íntimamente relacionado con los dos elementos expuestos anteriormente: la propiedad intelectual y las TIC, ha habido un movimiento imparable y creciente en el desarrollo de los programas de ordenador de las últimas décadas. Estamos hablando del movimiento Open Source o, para ser más rigurosos, del Software libre y de fuentes abiertas.

[1] La traducción es mía sobre el apartado 4.3 The Social Nature of Information Argument, del artículo Moore, Adam (2011), Intellectual Property, SEP

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Índice del libro “ÉTICA DIGITAL”

Prólogo.

Capítulo 1 – Contexto tecnológico. Origen de internet

Capítulo 2 Del origen del Estado a la nueva sociedad en red

Sección I. Fundamento de las polis.

Sección II. Organización de la polis. Origen del estado

Sección III. La polis aristotélica. Los problemas de la propiedad privada persisten 2.500 años…

Sección IV. La nueva economía en red

Sección V. ¿Debemos implantar la Democracia electrónica? No seas un ingenuo tecnológico

Capítulo 3 Los ciudadanos digitales exigen nuevos derechos y una administración electrónica moderna

Sección I. Consideraciones previas sobres los Derechos Humanos

Sección II. Los derechos digitales.

Sección III. La Administración (electrónica). Principios rectores

Capítulo 4 – La Administración electrónica de hoy. Planes y Normativa de referencia

Sección I – Planes en Europa y España

Sección II – Normativa de referencia en materia de Administración electrónica. Ley 11/2007

Capítulo 5 – La Administración electrónica del Futuro. Normativa que revolucionará el marco jurídico de las Administraciones Públicas

Sección I – Ley de Régimen Jurídico del Sector Público

Sección II – Ley del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas

Capítulo 6 – Hacia una Administración electrónica ética y eficiente. El Software Libre como ejemplo de “negocio ético”

Sección I. Filosofía del Software Libre.

Sección II. ¿Qué aspectos éticos son útiles para la Administración?

Sección III. ¿La Administración obtendría beneficios económicos con la adopción del software libre?

Sección IV. Propiedad intelectual y Software Libre

Sección V. Dimensiones ética y pragmática del Software Libre. Estrategia de la Administración

Sección VI. Un negocio ético con riesgos

Sección VII. Situación actual

Epílogo – Una Administración sin papel y sin apellido

Apéndice I – Argumentación formal en contra de la Propiedad Intelectual como motor de innovación

Apéndice II – Tipos de Licencias del Software Libre

Apéndice III – ¿Los derechos de bienestar son derechos humanos?

Bibliografía y webgrafía.